Vandalismo y Tolerancia

No podemos menos que expresar una alta preocupación por lo que sucede en nuestra Honduras.

Hemos vivido, al término de la semana, episodios de convulsión social que nos llevan a concluir que la problemática del país se fue de las manos de las autoridades y que la crisis tiende a profundizarse.

Los saqueos a establecimientos comerciales, la quema de neumáticos, el bloqueo de carreteras y bulevares, lo mismo que las movilizaciones infiltradas, crean un entorno de inestabilidad y de ingobernabilidad.

Han quedado de manifiesto los resultados negativos de los órganos de seguridad, en el manejo de situaciones de crisis y en las estrategias para neutralizar las acciones de las hordas.

No nos queda claro -más bien nos deja muchas dudas- por qué la Policía y los militares no han reaccionado de manera oportuna a los brotes de violencia.

¿Cómo se explica que los efectivos de las instituciones de resguardo de la integridad física y de protección de los bienes no tengan presencia en los sitios convulsivos?

¿Podemos colegir que se trata de una falta de capacidad de nuestros entes del orden? ¿Existe una premeditada demora con el objetivo de transferir mayor culpa a los grupos de manifestantes en los que se han incrustado sujetos que no tienen relación con causa alguna?

Cierto es que estos pequeños grupos que generan anarquía contribuyen a crear más pobreza y desesperanza en el país; por consiguiente, los operadores de la justicia están obligados a ejercer una acción eficiente dirigida a proteger la vida y los bienes de los hondureños.

Honduras merece vivir en paz, honestidad y justicia. Las partes en conflicto deben sentarse a dialogar; si no es así, la polarización se desbordará y se colocará en más riesgo la inversión y la creación de empleos.