Una época para reflexionar

Hemos comenzado la cuaresma, que es el tiempo litúrgico de conversión que marca la iglesia en camino a la fiesta de Pascua.

En su sentido más esencial, es un período de reflexión, de arrepentimiento y de transformación para apartarse del mal, buscar el bien y procurar la justicia.

En este lapso, es habitual que se nos exhorte a hacer propias las prácticas del ayuno, de la oración y de la caridad que nos aproxima a nuestra razón de existencia.

Indistintamente de la religión que profesemos y de las decisiones que hayamos tomado para nuestra vida, lo cierto es que los hondureños tenemos muchos temas sobre los cuales necesitamos entrar en meditación.

Es cierto. Nuestra sociedad está sumergida en la delincuencia, violencia criminal, corrupción, destrucción del núcleo familiar y degradación de los principios de respeto a la vida, preferentemente de grupos muy frágiles como son los niños, las mujeres y los adultos mayores.

Todas estas desventuras tienen su origen en que nos hemos despojado de los valores primarios de la bondad, la convivencia, el bien, la piedad y el amor.

Éstos son los grandes pilares que permiten la reivindicación del hombre, el adecentamiento de la sociedad y el reencuentro de las familias que los hondureños necesitamos para sobreponernos a nuestros males estructurales.

Hemos perdido nuestro norte, vivimos en una constante polarización, intolerancia e indiferencia, los síntomas claros de la enfermedad que sufre nuestro cuerpo social, y que sólo podremos combatir cuando recuperemos nuestros principios e identidad.

Necesitamos hacer un sacrificio en el tiempo de cuaresma para declararnos en ayuno frente a la violencia, el sectarismo, la podredumbre moral, la pobreza, la desigualdad social y la iniquidad social. ¡Es tiempo de reflexión y de restauración de los hondureños!