Trump da marcha atrás y dice que no habrá redadas contra indocumentados

Primero, Donald Trump iba a deportar a “millones” de indocumentados. La policía de inmigración aclaró después que era una operación contra 2.000 personas. A 24 horas del comienzo la supuesta redada, Trump ha dicho ahora que no se hará.

El presidente tuiteó a mediodía de este domingo que “a petición de los demócratas”, ha “retrasado” por dos semanas la supuesta redada masiva. En ese tiempo, dice Trump, “demócratas y republicanos deben encontrar juntos una solución a los problemas del asilo y los agujeros en la frontera Sur”. El tuit que marca la política de Estados Unidos termina diciendo: “Si no, ¡empiezan las deportaciones!”.

El mero anuncio público ya era inaudito. Un responsable político anuncia a los cuatro vientos una redada policial coordinada en 10 ciudades, y lo hace con una semana de antelación, por si alguien tarda un poco en enterarse. Durante toda la semana, distintos cargos de la policía de inmigración (ICE, por sus siglas en inglés) se esforzaron por concretar que en realidad se trataba de una operación coordinada para detener a 2.040 personas que ya tienen orden de deportación pero no la han cumplido.

En la tarde del domingo no estaba del todo claro a qué petición de los demócratas se refiere el presidente. Los líderes demócratas han rechazado en general la amenaza de deportaciones. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, había pedido públicamente a los líderes religiosos que convencieran al presidente de dar marcha atrás. El domingo, Pelosi tuiteó: “El aplazamiento es bienvenido. Hace falta una reforma de inmigración integral. Las familias tienen que estar juntas”.

Asociaciones de inmigrantes, autoridades y cuerpos policiales locales llevan una semana preparándose para algo de lo que habitualmente no les avisan. En Los Ángeles, donde ICE solo buscaba a 140 personas, la policía local emitió un aviso de tranquilidad a la comunidad inmigrante asegurando que ellos no iban a participar. Las asociaciones movilizaron equipos legales para que la gente estuviera preparada en caso de detención. Estaban convocadas vigilas en los centros de detención de ICE. Ya no ocurrirá, porque el objetivo de Trump parece ser otro.

La táctica de Trump en este asunto recuerda mucho a la ejercida con México en la negociación sobre inmigración. Sin venir a cuento, sin consultar con su equipo y en medio de los esfuerzos de ratificación del nuevo tratado comercial de América del Norte, el presidente tuiteó que impondría un arancel general del 5% a todos los productos mexicanos a partir del 1 de junio. No había plan. Nadie sabía cómo poner en marcha tal medida entre dos economías profundamente intrincadas. A cambio de retirar la amenaza, exigía a México negociar un acuerdo para que haga de tapón de la migración de familias centroamericanas hacia el Norte. México accedió y Trump se apuntó la mayor victoria política en inmigración de todo su mandato.

Poco después de la marcha atrás de Trump, ICE envió un comunicado a los medios citando a su portavoz Carol Danko en el que decía: “Los extranjeros ilegales siguen aprovechándose del sistema al traer niños para entrar en el país. Después de violar las leyes, faltan al respeto a nuestro país todavía más al no presentarse a sus citas judiciales, por lo que ni siquiera están presentes cuando un juez ordena que sean expulsados. Ningún ciudadano norteamericano puede saltarse la ley o una orden judicial y salirse con la suya, y tampoco deberían poder los extranjeros ilegales. Si el Congreso no cambia las leyes para asegurar que los ilegales pueden ser expulsados rápidamente en la frontera sur, no hay otra alternativa más que seguir deteniendo a estos ilegales fugitivos en el interior”.

A pesar de que la información sobre la redada la dio el presidente de Estados Unidos en persona, la amplió en los medios el director de ICE, Mark Morgan, y la detallaron varios cargos del departamento, el comunicado carga contra las filtraciones. “Cualquier filtración detallando operaciones policiales delicadas es indignante y pone en peligro a los agentes”. Por último apoya la oportunidad que Trump da al Congreso para cambiar las leyes de inmigración.

Demócratas y republicanos ya pactaron un plan de reforma del sistema de inmigración que habría tenido mayoría suficiente para ser aprobado en el Congreso en febrero de 2018. Trump lo rechazó. El objetivo del presidente es que cualquier negociación sobre inmigración incluya dinero para construir un muro en la frontera sur de Estados Unidos, una idea que rechaza toda la clase política del país por ineficiente y cara. El muro fue la gran promesa de Trump en la campaña electoral de 2016. El presidente lanzó la semana pasada su campaña de reelección. El País.