Terreno minado para la inversión de capital

El lapidario anuncio de los inversionistas del proyecto de energía “El Petacón” de retirarse del país y cancelar un flujo de más de 50 millones de dólares, no es extraño.

Es una advertencia que ya estaba entablada desde el último trimestre del año pasado, cuando representantes de los desarrolladores de obras de generación de energía y explotación minera denunciaron una campaña tendenciosa en su menoscabo.

Estas acciones imputadas a sectores mediatizados, ideologizados e -incluso- vinculados con Organizaciones No Gubernamentales, tomaron un giro muy arriesgado en 2018. Han brotado de nuevo esta semana, cuando se ha dado a conocer el inminente retiro del proyecto eléctrico que es construido entre Lepaterique y Reitoca, Francisco Morazán.

Es repudiable que intereses alevosos estén en juego en la actividad de la inversión de recursos privados locales y foráneos, porque ponen en la cuerda floja el desarrollo económico nacional.

Está en el limbo la inyección de al menos 2,500 millones de dólares que se traducen en más de 60,000 millones de lempiras comprometidos para la ejecución de una decena de obras en los rubros de energía y minas que están en curso.

Hace varios meses se alertó que estos planes habían sido puestos en pausa, a resultas de las intervenciones nefastas de sectores que se oponen de manera festinada a su culminación.

En esta misma corriente de opinión, cuestionamos la dejadez con que el mismo Gobierno y sus instituciones obligadas han abordado esta grave problemática y la apatía dispensada a la demanda de la cúpula empresarial de intervenir de inmediato.

Los anárquicos han potenciado sus propósitos creados. Las consecuencias de no haber puesto acciones en su tiempo debido son las que corresponden: La seguridad jurídica en Honduras está en mayor precariedad.

Está de más que hagamos hincapié en que las maniobras inapropiadas que son empujadas en desmedro de los proyectos de desarrollo, contribuyen a deteriorar la imagen de Honduras.

Las zancadillas de grupos minoritarios en relación con el impulso de rubros importantes como son la generación de energía y la explotación minera, nos retratan como un país donde no hay certidumbre y donde no existe el mínimo respeto a los principios de derecho y de justicia.

No queda más que evitar que prospere la conjura de algunos sectores empecinados en echar a perder los planes de inversión, de generación de riqueza y de evolución económica de Honduras. Tal vez no es demasiado tarde.