Recrudece EE UU clima de miedo contra indocumentados

Cien mil hondureños viajan hacia el norte, debido a la carencia de oportunidades para transformar sus condiciones sociales y económicas.

Lo que les espera a los emigrantes indocumentados es una ofensiva sin precedentes de la administración republicana de Estados Unidos.

Siguiendo su propósito de desalentar la llegada de “caminantes”, el presidente Donald Trump ha enviado una ráfaga de mensajes que alimentan la xenofobia y que vuelven más espinoso el camino de quienes emprenden el éxodo diario hacia el norte.

El gobernante estadounidense ha prometido de nuevo la pronta expulsión de todos los inmigrantes ilegales que residen en aquel país. Y, en seguida, ha exclamado: “¡Por favor, no se pongan demasiado cómodos, se marcharán pronto!”

Unas horas antes, el mandatario norteamericano había presentado un plan tendiente a modernizar de manera radical el proceso de inmigración legal que él mismo ha calificado como “disfuncional”.

Este beneficio se basará en el mérito de quienes intenten establecer su residencia en Los Estados Unidos y estará insertado en tres premisas: “Pro estadounidense, pro inmigrante y pro trabajadores brillantes y con talento”.

A finales de marzo, Estados Unidos comunicó la suspensión de la ayuda a Honduras y al resto de los países del Triángulo Norte: Guatemala y El Salvador.

El recorte afectará varios programas, particularmente los de seguridad, gobernanza, democracia, desarrollo económico, materias éstas a las que van dirigidos el 73 por ciento de los recursos aportados por la Unión Americana.

Otro porcentaje del 27 por ciento de los fondos que son aportados a Honduras han ido encaminados a fortalecer la educación y servicios sociales, el medio ambiente y la paz.

La decisión de cancelar el flujo económico a Honduras pasó de ser una amenaza repetida a una realidad que fue empujada por la huida de centenares de miles de indocumentados en caravanas, rumbo al norte.

Sólo en el primer trimestre de este año, no menos de 19,000 connacionales han sido retornados de tierras aztecas y estadounidenses, en su intento de traspasar la línea limítrofe con la Unión Americana.

Diariamente son expulsados al menos 200 emigrantes y cada mes son devueltos más de 6,000 compatriotas lanzados a la aventura de conquistar el falso “sueño americano”.

Para mediados de abril, más de 22,000 connacionales habían sido expulsados de Estados Unidos y de México, según lo indicado en cifras de entidades oficiales.

Se calcula que cada año, cien mil hondureños viajan hacia el norte, debido a la carencia de oportunidades para transformar sus condiciones sociales y económicas. Con ello, las expresiones de odio contra los emigrantes indocumentados van en escalada.