Natalidad y pobreza

Más de 70,000 hondureños que se suman al grupo de pobres cada año.

El tema de la natalidad siempre ha despertado reacciones de la más diversa índole y generado profunda controversia, sobre todo entre aquellos sectores más conservadores que han mantenido el tema del control de los nacimientos encuadrado como un dogma.

Y es que la advertencia de que en las circunstancias actuales no es consecuente sostener una acelerada e irresponsable reproducción de la especie, debe mover nuestra conciencia y empujarnos hacia el análisis prudente del asunto.

En nuestro país la cuestión se ha tratado con vista corta y de manera reaccionaria. Cada vez que salen a debate la educación sexual, los embarazos en las adolescentes y el control natal, cada sector pretende imponer sus puntos de vista.

Lo cierto es que cuando dichos temas no son abordados desde cada una de sus aristas, es difícil que resplandezca la luz de la razón. ¿Qué beneficio ha traído, entonces, que un bando defienda el libertinaje sexual al amparo del proclamado derecho de la mujer sobre su cuerpo?

Por otra parte, cabe preguntar y determinar las respuestas más ponderadas y justas: ¿Ha sido provechosa la  defienda la natalidad sin control?

La verdadera discusión sobre el controversial control de los nacimientos y su relación con la pobreza tendría que incluir varios aspectos: La paternidad y la maternidad responsables, el crecimiento poblacional y el desarrollo económico.

En la medida en que las mujeres en estado de exclusión social multiplican desordenadamente su descendencia, en ese mismo sentido se reproduce el círculo de la pobreza, se profundiza la desigualdad y se reduce el acceso de los sectores más necesitados del país a oportunidades de una vida digna y justa.

Se estima que más de 70,000 hondureños que se suman al grupo de pobres cada año, son niños que nacen en un entorno desfavorable e hijos de madres adolescentes.

Y si agregamos que un grupo considerable de nuestros hombres y mujeres tampoco actúan con compromiso, sensatez ni madurez en el tema de la natalidad, nos encontramos frente a un grave problema social.

Por ningún motivo podemos seguir replicando la pobreza sin aprovechar el bono generacional con que contamos ahora. Tampoco es sano que continuemos en defensa de posiciones viscerales sobre la reproducción poblacional o dependencia demográfica si sabemos que ello nos impide planificar nuestro bienestar general y proyectar nuestro desarrollo.