“Maiz” y “catracho”, el arsenal contra el covid-19

Pruebas rápidas para detectar el covid-19.
. Foto AFP.

El más poderoso arsenal médico-clínico está en acción para el combate a la pandemia del Covid-19 que se ha expandido en el país con todo y su lastre.

Las escrituras dicen: ”Porque con ingenio harás la guerra y en la multitud de consejeros está la vitoria”. Este proverbio calza con los facultativos y con los profesionales de distintas disciplinas que les acompañan en la vanguardia de esta batalla epidemiológica y que, a pulso de sus investigaciones científicas y de su experiencia con los enfermos, han logrado resultados exitosos en la aplicación de los protocolos “MAIZ” y “CATRACHO”.

Los dos tratamientos, suministrados a los pacientes en diferentes fases de la infección viral, han hecho posible un replanteamiento en el abordaje de la contingencia que nos abate.

Así, entonces, “MAIZ” –que toma su nombre de las dosis mezcladas de Microdacyn, Azitromicina, Ivermectina y Zinc- está prescrito para los contagiados en un estadio leve que puede ser manejado en aislamiento domiciliario.

Para los enfermos en una etapa más avanzada, la intervención médica adquiere la identidad de “CATRACHO”, que es la combinación de anti-inflamatorios, anticoagulantes, y el suministro de un alto flujo de oxígeno para evitar que el contagiado sea conectado a ventilación mecánica.

Merced a estos esquemas de la medicina clínica, la letalidad registrada por cada semana se ha reducido del 17 al 2.8 por ciento, en tanto que el tiempo de hospitalización se ha acortado ostensiblemente.

Son datos puros que traen esperanza en medio de las lúgubres expectativas y de los pronósticos muy reservados que la peste del Covid-19 conlleva para nuestro país.

Cabe destacar que los protocolos “MAIZ” y “CATRACHO” es la suma total de los esfuerzos de un grupo de especialistas en ciencias médicas que han empleado a fondo sus conocimientos para la elaboración de una pauta en la gestión de la pandemia.

En las consultas externas de los hospitales y de los centros de salud, en las salas de aislamiento y en las unidades de cuidados intensivos, se libra una batalla de vida o muerte, con muchas limitaciones, a contrarreloj y con todos los diagnósticos adversos.

Por ello es que consideramos como una buenaventura que, ante el ataque del nuevo virus, nuestro endeble, calamitoso y desahuciado sistema sanitario esté apoyado sobre dos procedimientos que han nacido a la luz de estudios rigurosos acerca de la evolución de la peste en Honduras.

“MAIZ” y “CATRACHO” han sido adaptados a nuestro hábitat epidemiológico. En esto consiste el gran mérito de ambos tratamientos: son el producto de evaluaciones endémicas en la búsqueda de salvar la vida de los pacientes, víctimas de la mortal afección.

El Gobierno tiene la comisión privativa de garantizar el abastecimiento de los fármacos que se necesitan para los protocolos ”MAIZ” y “CATRACHO”, en tanto que a la población entera le corresponde actuar con responsabilidad y no con tendencia suicida.

Buscar una asistencia médica temprana, observar y hacer nuestras las medidas de bioseguridad, como la utilización de mascarillas, el lavado constante de manos, el uso de alcohol en gel y el distanciamiento social,  son los códigos de nuestra “nueva normalidad”.

A estos modos de vida tenemos que atarnos, si es que aspiramos a ganarle la partida a la muerte y a salir victoriosos de los embates mortales del Covid-19.