Los emigrantes y el servicio exterior

En lo que ha transcurrido de 2019, un promedio de 200 emigrantes hondureños han sido devueltos por su condición ilegal.

A este grupo se agregan unos 7,000 connacionales que se habían ido en caravanas y que retornaron voluntariamente desde Guatemala y México, porque desistieron de continuar su travesía hacia Estados Unidos.

Complementariamente, se ha dado a conocer que un grupo de indocumentados que fueron devueltos como parte de una nueva política de la Administración de Donald Trump, que obliga a los indocumentados a esperar sus procesos al otro lado de la frontera, tuvieron su primera audiencia en Estados Unidos.

La semana que recién terminó, seis ilegales centroamericanos fueron transportados desde el puerto de entrada en San Ysidro hasta su comparecencia en San Diego, California, custodiados en todo momento por agente federales.

Ciertamente, cada hondureño que ha huido por la falta de oportunidades de vida en nuestro país, representa todo un drama con implicaciones de derechos humanos, sociales y económicos.

La crisis humanitaria desprendida del éxodo masivo hacia la Unión Americana, impacta en alto grado a Honduras, uno de los países del Triángulo Norte, cuya economía tiene más dependencia de las remesas.

El envío de divisas por parte de la diáspora hondureña es una de las principales fuentes de sostenimiento de las finanzas nacionales. Dicho, llanamente, la salida de hondureños hacia el norte ha sido una tabla de salvación para nuestro aparato económico.

Lamentablemente, Honduras no cuenta con una política migratoria congruente, integral y solidaria. La respuesta a la emigración ilegal sigue siendo coyuntural; más bien, una agenda de actividades para “apagar el fuego”.

Hemos observado, en ocasión de la emergencia causada por la salida del territorio patrio de caravanas de indocumentados, la pobre capacidad de respuesta dela Cancillería y del servicio exterior del país, con una que otra salvedad.

Además de representar una carga financiera que cae sobre quienes pagamos impuestos, nuestros representantes diplomáticos, en su casi totalidad, brillan por su ineficiencia, su menguado compromiso para cumplir con sus responsabilidades y su incompetencia en la gestión del espinoso tema migratorio.

Es muy poco lo que conocemos de las acciones desarrolladas a favor de los emigrantes hondureños, ya que los funcionarios del servicio exterior –que no todos- se llaman al silencio y se escudan en el argumento que no están autorizados para brindar elementales datos sobre la condición de nuestros compatriotas.

La mayoría de nuestros cónsules y subalternos, particularmente losasignados en Estados Unidos, son verdaderamente un lastre. Siempre ha sido así; sin embargo, estas falencias son más visibles ahora que el tema migratorio ha tomado un matiz muy complejo.

¡Basta! Llegó la hora de darle al tema de la emigración ilegal la vestimenta que corresponde; es decir, ponerlo sobre la mesa de un debate amplio y de acciones prontas, no superficiales, ni politizadas; tampoco circunstanciales.