La solitaria política migratoria de Honduras

Como es sabido, este fin de semana, el mandatario, Juan Orlando Hernández, se reunirá con el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en tierras aztecas.

Ambos abordarán de manera prioritaria el fenómeno migratorio que ha tomado ribetes de una crisis humanitaria, particularmente porque el régimen estadounidense ha sumado las deportaciones expeditas a su política xenofóbica.

Las caprichosas decisiones de Trump y las amenazas de endurecer las sanciones por un trato “flojo” a los llamados “invasores” o “mojados”, colocan a México entre la espada y la pared.

Las cifras retratan una crisis que se fue de las manos. Al menos unas 120,000 personas están en tierras fronterizas entre México y Estados Unidos, una masa que podría expandirse al término de este año hasta 240,000 emigrantes en ruta al Sueño Americano.

Para Honduras, es una emergencia profundizada por el deterioro en las condiciones de vida de la mayoría de la población de nuestro país, debido a la pobreza, la violencia, la corrupción y la precariedad político-institucional.

Un hecho es incontrastable: El problema migratorio se volverá un aluvión mucho más feroz si nuestros gobernantes no apresuran los pasos para encontrarle una salida.

Paralelamente, la política exterior de nuestro país debe dar un vuelco, algo que no parece tan sencillo. Nos hemos quedado solos,  en tanto las propuestas del Triángulo Norte de Centroamérica ya no son más parte de una alianza tan fuerte entre Honduras, Guatemala y El Salvador.

¿Nos movemos contracorriente? Es inobjetable que Sí. Guatemala ha tomado su propia ruta y lleva a cabo su lucha frente a las embestidas de Trump, quien ha declarado que el país centroamericano ha estado formando caravanas y enviando a grandes grupos de personas, algunos con antecedentes criminales.

Estados Unidos ha decidido romper el trato que tenía de suscribir un acuerdo para constituir a Guatemala como un tercer país seguro para retener en su territorio a los emigrante en ruta.

En lo que importa a El Salvador, el gobernante Nayib Bukele, ha insistido en la petición oficial de esa nación de recibir un trato migratorio diferenciado y, en su reciente encuentro con el Secretario de Estado, Mike Pompeo, se ha comprometido a cooperar estrechamente para reducir la emigración ilegal hacia el norte.

¿Y Honduras? ¿Ha avanzado en la búsqueda de sellar pactos con Washington, México, y sus hermanos de Guatemala y El Salvador, en el objetivo común de detener el éxodo de los “indocumentados”?

Todo indica que la Alianza para el Progreso está desbaratada o en camino a ese destino. Cada uno de los socios adoptó caminos distintos. Lo que hay que ver es si, en medio de estas divergencias, es posible levantar un frente común en defensa de los emigrantes y generar condiciones de dignidad para que los hondureños no sigan yéndose al suelo hostil de Estados Unidos, que no es la tierra prometida para los nuestros.