La macroeconomía y la desigualdad social

Si bien es cierto el acuerdo entre Honduras y el Fondo Monetario Internacional ha sido ponderado por el Gabinete Económico, son diversos los puntos que generan dudas acerca de su impacto social.

Quienes se ocupan de darle una lectura a los indicadores macroeconómicos y colocarlos en la balanza de las desigualdades de la mayoría de la población, coinciden en que los compromisos que Honduras ha asumido ante el órgano externo únicamente se reflejará en tres sectores: El financiero, el energético y el de telecomunicaciones.

Pero no se traducirá en una buena dinámica de la economía, ni en la llegada de inversión, tampoco en el alivio de la pobreza o en la reducción de los niveles de marginación.

Cuando se trata de establecer las fortalezas y los puntos en contra de un arreglo con el Fondo Monetario, lo que sobresale es la enorme brecha entre la estabilidad macroeconómica y la profunda desigualdad social en la base de la población.

Porque los beneficios de un pacto con el órgano crediticio externo tendría que verse proyectado en el mejoramiento de las oportunidades de todos los grupos poblacionales, más aún de los menos favorecidos.No sucede así.

El presente proceso de desaceleración económica, el creciente endeudamiento y el ritmo escalonado del gasto, han puesto en apuros las finanzas públicas.

Hay muchas tareas pendientes en ese orden: Garantizar la ejecución de un presupuesto balanceado, asegurar un gasto eficiente, fortalecer las líneas de ingresos, mejorar el control sobre el endeudamiento y echar mano de nuevas herramientas para expandir la inversión.

Si bien hemos llegado satisfactoriamente al punto culminante de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Pero No debemos quedarnos a mitad del camino o en el mismo punto.

Los sectores mayoritarios de la población han resultado ser los más sacrificados por el funcionamiento de un aparato estatal ineficiente y pesado, así como por la presión fiscal, la precaria prestación de los servicios de salud y educación y, en definitiva, la falta de condiciones que hagan posible elevar el nivel de vida de los hondureños.

Con los segmentos excluidos hay un saldo pendiente que no ha sido honrado. Ellos reclaman un derrame de beneficios económicos y sociales, a través de la inversión continua, la generación de empleo y la disminución de la pobreza, por encima de la robustez de la macroeconomía nacional.