La Maccih, la corrupción y la política

Maccih, corrupción y política.
Maccih, corrupción y política.

No podemos pasar por alto la principal conclusión del trabajo realizado por un grupo de diputados a quienes se les encomendó establecer un balance de los logros de la MACCIH.

¡Ingrata labor! Los legisladores comisionados para valorar el desempeño del organismo externo se encontraron frente a la disyuntiva de plantear el fortalecimiento de la MACCIH para llevar adelante una cruzada contra la podredumbre, o de pronunciarse por la muerte de dicho ente.

Al final se decidieron por una línea que conduce a la no renovación del acuerdo suscrito entre el Estado de Honduras y la Organización de Estados Americanos (OEA), lo que significa el debilitamiento de la lucha contra la corrupción en el país.

Tal como hemos escuchado de manera prolífica, los políticos encargados de “contarle las costillas” a la MACCIH, han afirmado que no les provoca escalofríos pagar la factura que les pueda pasar su rechazo a que la existencia del ente externo sea prolongada.

Los “inquisidores” han esgrimido que la Misión se ha excedido en sus ejecutorias, además de haber procedido de manera discriminatoria al señalar con dureza a unos, y absolver de incriminaciones a otros.

El debate de fondo es cuándo daño le hace a Honduras reducir los esfuerzos dirigidos a perseguir, desenmascarar y castigar a los deshonestos, tanto del ámbito público, como de la égida privada.

Si bien los resultados de la gestión de la MACCIH no son demoledores o no han rendido los frutos ideales, éstos son aceptables dentro de lo que cabe, tomando en consideración que dicha dependencia no fue revestida de las herramientas más enérgicas para hacerle frente al semejante desafío de poner a Honduras en un proceso de adecentamiento.

Concordamos con quienes sostienen que la MACCIH adolece de muchas debilidades, empero no es lo más conveniente para Honduras destruir la plataforma que se ha construido en la búsqueda de la transparencia y de la rendición de cuentas.

La percepción de gruesos segmentos de la población es que sin el apoyo de la MACCIH se alimenta la voracidad de los corruptos y su desesperado anhelo de gozar de total impunidad.

Es un imperativo escuchar la voluntad del pueblo, mas nunca permitir que los corruptos se salgan con las suyas; esto es, amarrar toda acción y todo esfuerzo que les exhiba en todo su lado oscuro.

La muerte de la MACCH es igual a extender el radio de influencia de quienes alientan la podredumbre con toda libertad y tolerancia. La cruzada por la transparencia debe continuar de la mano de la Misión de la Organización de Estados Americanos, en combinación con las instituciones nacionales que ejercen la acción penal, la gestión contralora y las que imparten justicia.