La apertura inteligente de la economía de Honduras y la reactivación de los empleos

Coronavirus en el mundo.
Economía mundial a la baja por covid-19.

Es verdad que la pandemia del Covid-19 nos ha traído muchos infortunios. Ha puesto a prueba de fuego nuestro agónico sistema de salud, arrebatado la vida de casi dos centenares de personas y contagiado a un número que roza los 5,000 pacientes, hasta ahora; además, ha postrado nuestro aparato productivo.

Convenimos que, en este tiempo, la primera necesidad es salvaguardar la vida de la población, pero –en esa misma línea- coincidimos en que es pertinente que encontremos el fiel de la balanza entre el fin supremo de la sociedad, que es la persona humana, y la vigencia de la actividad económica.

Muchos sectores han unido sus reclamos dirigidos a que se reactiven los ejes de la economía hondureña, en aras de que no perezca nuestra estructura de producción, distribución, comercio y consumo de bienes y servicios.

En un país subdesarrollado como el nuestro, es lógico y justificado que la masa de personas que se mueven en la economía informal, así como aquéllos que son parte de la pequeña, mediana y gran empresa, reclamen el regreso a las actividades productivas en sus diferentes giros.

Hemos escuchado el llamado insistente, aun de los representantes de la cúpula de la iniciativa privada, a reactivar cuanto antes los rubros que tienen una importante participación en el Producto Interno Bruto.

Hay quienes proyectan con incisivo acento que la pandemia derivará en un incremento de la pobreza en al menos diez puntos, en la pérdida de 500,000 empleos y en el cierre de cuatro de cada diez empresas en la segunda mitad de este año.

Con todo, no debemos fenecer ante semejante panorama negativo. No hemos tocado fondo, a pesar de todas las adversidades que encaramos y del alto costo que nos genera la peste en todos los órdenes.

Progresivamente han vuelto a sus labores los restaurantes, las salas de belleza, las barberías y antes entraron en operación las ferreterías. La semana próxima ingresará en esta nueva etapa un sector reducido del transporte y otros grupos sensibles para la vida nacional.

En un mediano plazo lo harán la industria de la construcción, el sector de los talleres automotrices, las casas de repuestos y otras actividades, dentro de un plan elaborado para la reactivación inteligente de la economía nacional.

La reapertura de nuestra plataforma de generación de bienes y servicios en sus diferentes divisiones, contribuye en un grado mayúsculo a inyectar fuerza a la economía del país en plena crisis.

¡Indiscutiblemente, así es! A paso lento, pero con firmeza; a puro “ensayo y error”; de manera planificada y en forma paulatina, se ha autorizado que muchos  negocios salgan de su confinamiento y, con ello, se han restablecido las fuentes de ingresos de centenares y de miles de familias, cuya subsistencia depende de que la economía se mantenga activa.

En reiteradas oportunidades, se nos ha advertido que tendremos que aprender a convivir con el Covid. Nada volverá a ser igual después de la plaga que nos ha traído amargas lecciones y dolorosas experiencias.

Lo esencial es que la reapertura de la economía sea acompañada de un compromiso renovado de empresarios y de trabajadores y de una visión madura de estos actores para concluir una obra pendiente: Cimentar los pilares de una nueva Honduras.

Estamos regresando a la nueva normalidad, un tiempo que precisa de más trabajo, de un esfuerzo mayúsculo, de la elaboración de una estrategia de desarrollo y, singularmente, de la capacidad de los representantes del capital y de la fuerza de trabajo para levantar nuestro aparato de generación de riqueza.