Inversión en educación ha bajado de 8.3 a 5.3 por ciento del PIB

¿Acaso no es urgente llegar a un pacto sobre políticas públicas que tengan como su basamento la incorporación de todos los actores de la educación: Gobierno, docentes y estudiantes?

Sí lo es. Pero también es inaplazable que los padres de familia y las alcaldías asuman un rol mucho más significativo en la administración del aparato de enseñanza-aprendizaje.

Expertos en la asignatura cuestionan que Honduras haya disminuido ostensiblemente el porcentaje de inversión de los recursos en la formación y desarrollo de capacidades de los niños y de los jóvenes.

Hace unos años, el país destinaba el 8.3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a la educación. Hoy día, ese índice es de nada más 5.3 por ciento.

Los especialistas en Pedagogía y en Tecnología de la Educación recriminan que el Gobierno privilegie los mayores esfuerzos financieros en el área de la seguridad y no a la edificación de la “sociedad del conocimiento”.

Otra de las flaquezas que presenta la educación hondureña es que la asistencia de la población de niños y jóvenes ya no es vista como una prioridad y un derecho para acceder a la luz del conocimiento para el desarrollo.

Dicho estado de indiferencia, lleva a los conocedores de la materia a realizar un llamado para que las municipalidades se involucren con más empoderamiento en la educación, a la vez que se convoca a los padres de familia a inscribir a sus hijos en las escuelas y colegios.

En los últimos años el sistema ha perdido a más de 420,000 estudiantes. En 2009, el sistema tenía 2.2 millones; hoy día, esa población ha bajado a un millón 700,000 niños y jóvenes.

Unos, se han retirado de las aulas de clases porque han emigrado; otros, por motivos de la pobreza que se ha extendido y agudizado en el país.

Honduras no avanzará hacia una reforma educativa mientras no se mejoren los aprendizajes y en tanto no exista una nueva estructura con la participación de todos los actores del sistema.