INFOP sólo atiende 20% de demanda de empresas; instructores son los mismos desde hace 30 años

La pugna se ha profundizado entre las autoridades y la dirigencia sindical del Instituto Nacional de Formación Profesional (INFOP), en tanto la iniciativa privada pugna por una reconversión verdadera de dicha entidad.

La institución está bajo fuego cruzado y expuesta a una tormenta generada por el despilfarro de los fondos, la pobre competencia de la mano obra que es formada en sus centros y los problemas de gobernabilidad.

Como es sabido, el nuevo Contrato Colectivo de Condiciones de Trabajo representará una erogación equivalente a 72 por ciento del plan de ingresos y gastos del INFOP.

Mientras tanto, los 11 miembros de la Junta Directiva Central devoran unos ocho millones de lempiras anuales solamente en concepto de salarios.

Aparte del despilfarro de recursos en el pago de beneficios económicos y sociales en desmedro de la certificación de mano de obra, el INFOP quedó rebasado. Únicamente atiende el 20 por ciento de la demanda de los empresarios.

Quienes llevan las riendas de la institución admiten que los egresados no llenan las expectativas de las empresas e industrias, una realidad a la que se añade el hecho que no existe una evaluación de desempeño de la masa que es formada en competencias técnicas.

Se ha postergado la ejecución de una reingeniería, a pesar de que muchas carreras impartidas están en decadencia; tampoco se ha renovado el cuadro de facilitadores. La planta de instructores son los mismos de hace tres décadas.

Los expertos enfatizan que Honduras posee más del 50 por ciento de mano de obra joven. Este potencial debería de ser aprovechado para atraer inversión de capital extranjero; sin embargo, no sucede así en razón del desfase en la certificación del recurso humano.

Honduras es uno de los países con mayores problemas en la formación de personal con alto grado de competitividad del área, amén de que en las naciones vecinas también se presentan dificultades en la misma área.

Para el caso, el Instituto Nacional de Aprendizaje de Costa Rica reporta que únicamente el 25 por ciento de sus egresados logran emplearse en la especialidad que recibieron.

La situación no solamente afecta a los jóvenes, sino a los empresarios costarricenses, cuya demanda no es satisfecha enteramente, lo que influye en la competitividad de la economía.

En Costa Rica, el Instituto Nacional de Aprendizaje ha incrementado su presupuesto en 45 por ciento en los últimos siete años, pero el número de egresados cayó en 40 por ciento.

Una situación semejante es aplicada a Panamá. El Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano de aquel país, es criticado por el debilitamiento en la instrucción de personal con habilidades técnicas que necesitan las empresas panameñas.

Los estudios revelan que, a nivel regional, la escasez de talento ronda el 40 por ciento, lo que se atribuye al retraso de los sistemas educativos frente a la velocidad con que avanza el mundo; es decir, la brecha entre lo que existe, lo que necesitan las empresas y lo que ofrece el mercado.

En lo que respecta a Honduras, la crisis del INFOP amerita la elaboración de una hoja de ruta urgente, ya que el sector productivo tiene un faltante de talento en áreas estratégicas.

Los recursos son gastados sin una visión de desarrollo, la formación profesional está más que cuestionada, mientras la oferta y demanda laboral se encuentran totalmente divorciadas.