Golpe tarifario y rescate de la ENEE

Es un asunto juzgado. El grosero incremento de 10 por ciento en la tarifa de la energía eléctrica va y será aplicado a partir de abril.

El ajuste en el valor del servicio, es la salida basada en ideas demasiado elementales que, una vez más, se ha planteado frente a la crisis financiera de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE).

El desbalance entre los ingresos y los gastos de la institución ha ejercido un enorme peso sobre el fisco nacional con una alta presión sobre la deuda pública del país.

El saneamiento de las finanzas de la ENEE sigue siendo uno de los mayores desafíos de la hacienda. Y así lo han reconocido tanto los integrantes del Gabinete Económico como los técnicos del Fondo Monetario Internacional.

Una de las dificultades es justamente la recuperación de las pérdidas de la empresa, porque es un renglón en el que se destaca un lento avance, y por lo que es revisada la posibilidad de cancelar el contrato de la Empresa Energía Honduras.

A febrero de este año, la estatal contabilizaba un déficit acumulado superior a 52,500 millones de lempiras y cuentas por pagar a los proveedores que ascienden a 13,000 millones.

Son profundos los agujeros fiscales de la institución, generados por las pérdidas y por las fallas en los procesos de distribución, mantenimiento y comercialización de energía eléctrica.

La estatal de energía ha ido de traspiés en tropezones en su operatividad y gestión administrativa, como consecuencia de las draconianas negociaciones de los contratos de licitación y, en fin, de maquinaciones de algunos políticos y ciertos empresarios.

Son más dudas que certezas las que predominan acerca de la vida de mediano y largo plazo de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, que apenas es una parte del rescate de todo el subsector.

La deuda con los abonados se ha profundizado con creces en los terrenos de cobertura, inversión en la generación, transmisión y distribución.

El factor más sensible y el que afecta mayormente a la población es la evidente inequidad en la calidad del servicio y en los métodos de facturación por el suministro de un servicio que todavía no alcanza los niveles de eficiencia.

Las debilidades del sector energético son varias. Y en tanto estas alteraciones no sean salvadas, Honduras no podrá salir del circuito cerrado en que se encuentra ni contar con un aparato de energía eléctrica capaz de empujar la transformación del país.