Estrepitosa pérdida de empleos y caída de economía opacan expectativa de crecimiento

La economía no crecerá más allá de 3.3 ó 3.5%. Honduras necesitaría hacerlo a un ritmo entre 7 y 8% anual.

 A junio de 2019, las importaciones reportan 250 millones de dólares menos en comparación con el año anterior, lo que demuestra una preocupante pérdida del poder adquisitivo de la población.

La desaceleración de la economía y los factores que agravan esta condición, provocan inquietud entre empresarios e industriales del país.

A juicio de representantes de dichos sectores, el Gobierno debe poner mucha atención a la inestabilidad política, social que prima en Honduras con una incidencia directa sobre la economía.

En este marco, se ha cuestionado la falta de medidas más contundentes para garantizar la seguridad jurídica, la llegada de inversión, la creación de puestos de trabajo y la generación de riqueza.

Las tomas, movilizaciones y actos vandálicos que han tenido lugar de manera sostenida, le ha costado al país la pérdida de 40,000 empleos y de por lo menos 1,500 millones de lempiras diarios.

Sumado a estos factores adversos, los altos impuestos, los costos de los servicios públicos, en particular de la energía eléctrica, y la ausencia de un clima favorable a los negocios, ensombrecen las perspectivas de desarrollo.

Distintos actores de la actividad financiera y económica del país, han hecho hincapié en la necesidad de de poner sobre la marcha acciones que permitan reactivar el Producto Interno Bruto que está en rápida desaceleración.

La economía no crecerá sustancialmente. El Producto Interno Bruto refleja un comportamiento a la baja. En 2017, el crecimiento fue de 4.8 por ciento; en 2018, pasó a 3.7 por ciento; y en 2019, se prevé que se sitúe en apenas 3.3 por ciento.

Honduras necesitaría hacerlo a un ritmo anual de entre siete y ocho por ciento para superar muchos de los atrasos que muestra el país en áreas de trascendencia.

Los estudios comparativos de los industriales del norte ponen al descubierto que, a junio de 2019, las importaciones reportan 250 millones de dólares menos en comparación con el año anterior, lo que demuestra una preocupante pérdida del poder adquisitivo de la población.

Los analistas han hecho énfasis, asimismo, en que el país está llegando al límite de la capacidad de endeudamiento, un índice que roza el 50 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

El debilitamiento del aparato productivo y económico es de tal comportamiento que su principal fuente de equilibrio son las remesas de los emigrantes que, al corte de este año, se espera que sumen 5,000 millones de dólares.

Para los encargados de estudiar los elementos de incidencia de las finanzas, así como empresarios e industriales, es perentorio que el Gobierno tome medidas que permitan la reactivación económica a través de políticas de expansión, acceso a créditos, justicia tributaria e impulso de la generación de riqueza.