Entre 1,000 y 1,300 millones anuales pagan negocios y transporte a extorsionadores

La extorsión es un monstruo de mil cabezas alimentado no únicamente por maras y pandillas, sino por sectores independientes que se han asociado y que progresivamente han ganado terreno en la criminalidad organizada.

Las acciones de estos grupos irregulares están concentradas en el sector transporte. En el interior de esta actividad, se ha logrado establecer por parte de las agencias de investigación, que algunos conductores, ayudantes y otros operadores están directamente vinculados con la extorsión.

Esto ha tenido repercusiones de consideración. Y es que los transportistas ahora se ven ante la encrucijada de entregar la renta ya no a un solo grupo, sino a dos, tres, cinco y hasta a siete células delictivas.

Insisten los portavoces de la Fuerza Antimaras y Pandillas que en el sector transporte resulta inaplazable poner en marcha un proceso de certificación de todos los operadores de la actividad.

En general, los extorsionadores le han dado un giro a sus quehaceres. En este sentido, las investigaciones focalizadas han permitido determinar que los cobradores del impuesto de guerra han diversificado su radio de acción.

Uno de estos nichos creados son los mercados. Asociaciones de prestamistas se han diseminado por estos grandes centros de venta para ofrecer opciones de financiamiento a altas tasas que luego se convierten en “pura extorsión”.

Otra de las vías utilizadas por los grupos de malhechores para evadir la persecución de las fuerzas del orden es la apertura de establecimientos dedicados a lavar carros.

Se sabe que quienes están inscritos en la lista negra de los extorsionadores son forzados a llevar sus unidades a los “carwash” diariamente, en lo que se ha convertido en una variante del esquema de pago de la “renta” que reclaman los malvivientes.

Se calcula que los transportistas y los comerciantes entregan por extorsión a los grupos criminales entre 1,000 y 1,300 millones de lempiras anuales.