En lugar de golpes de Estado: Sectores mayoritarios proponen transición legítima en el ejercicio del poder

Oposición pide golpe de Estado.
Oposición pide golpe de Estado.

Un dicho máximo apunta que “a los grandes males corresponden grandes soluciones”. En el caso de Honduras, sumido en un clima de ebullición, se han planteado dos caminos contrastados.

La Coalición Política persigue la salida del mandatario, Juan Orlando Hernández, a la luz de la premisa que el fallo emitido por la Corte del Distrito Sur de Nueva York contra su hermano, Antonio Hernández, pone al desnudo que el país se convirtió en un narco-Estado.

Analistas que comulgan con la idea de apresurar la partida de Hernández del poder, han señalado que Honduras está sumido en una crisis sin precedentes de la cual no podrá salir mientras Hernández se mantenga en el poder.

Según estos interpretadores de la realidad local, el país difícilmente podrá enfrentar las consecuencias derivadas del caso de “Tony” que puso al desnudo la penetración del crimen organizado en la actividad política.

En medio de semejante crispación, no ha faltado la intervención de algunos que se jactan de darle una lectura calzada a lo que acontece en el país.

Estos “modernos profetas” han advertido  que como resultado del fallo contra Hernández, Estados Unidos solicitará la extradición de otros políticos y funcionarios vinculados con el narcotráfico.

En esa corriente serían arrastrados, igualmente, varios empresarios que se supone se prestaron a lavar dinero proveniente de la sucia actividad del tráfico de drogas.

En esta tormenta han tomado la palabra quienes aseguran que Honduras necesita entrar en un proceso de revolución política, igualdad social y evolución económica, con base en un compromiso de la clase política, la cúpula empresarial, la sociedad civil, la reserva moral religiosa y las fuerzas vivas.

Desde la otra barrera, surgen personajes de figuración pública que han clamado para que se imponga la sensatez. Desde su punto de vista no es momento de hablar de golpes de Estado en Honduras, sino del fortalecimiento de la democracia y de una legítima alternancia en la administración del Estado.

Todos los sectores que forman parte de esta Honduras están desafiados a depurar sus acciones, a despojar al país de la “lacra” del crimen organizado y a poner en primer plano los reclamos de las mayorías que son muchos, pero jamás atendidos.