El cine y la lírica presencia de nuestras madres

Esta demás decir la frase “todos los días son día de la madre”, pero Mayo es el mes que en todo el mundo se conmemora y se celebran las bondades de esos especiales seres ejemplo de amor, multivirtuosismo y omnipresencia. 

El arte no dejará nunca de agradecer y homenajear a las madres; y en el cine, como no podía ser de otra manera, esta temática ha sido una de las más desarrolladas en el transcurso de la historia de su industria desde las primeras películas icónicas de Griffith, como la infame EL NACIMIENTO DE UNA NACIÓN que, evidentemente, es un homenaje al concepto de maternidad; pero realmente, es con INTOLERANCIA cuando este autor establece la importancia de la Madre per se en su cine, y como dato curioso, comenzó a filmarla bajo el título de “La madre y la Ley” cambiándolo posteriormente por “Intolerancia” y además, recordemos que cada capítulo de esta colosal obra de arte esta dividida por una imagen extraordinaria de  la gran actriz Lillian Gish representando a una madre meciendo la cuna de su hijo.

Se podrán crear muchas listas de “top ten” con las películas escogidas para hacer ciclos de cine con el tema de la madre, por mi parte recomendaría algunas que, desde mi perspectiva, exploran como tema central de sus argumentos: la diversidad y expansión del tema de la maternidad. De nuevo, solo sugeriré el título y el año, pero en una; CHOCOLAT si ahondaré un poco más sobre la manera tan amplia que toca el tema de lo femenino en general y lo materno en particular. 

La lista sería la siguiente, sin importar un orden que responda a ningún tipo de jerarquía. 

Lion (2016)

Alicia ya no vive aquí (1974)

Room (2015)

Bailando en la oscuridad (2000)

Juno (2007)

Los otros (2001)

Imitación a la vida (1959)

Erin Brockovich (2000)

Solas (1999)

Bellísima (1951)

Todo sobre mi madre (1999)

Chocolat (2000)

Finalmente son más de diez en este TOP TEN pero, realmente tengo que contenerme de nombrar muchas otras grandes películas donde encontrar la esencia de lo Materno.

CHOCOLAT la película de Lasse Hallström, producida por el gran David Brown, está basada en la novela homónima de la autora Joanne Harris. Mezcla ingredientes de Comedia, Drama y Romance en pequeñas cantidades para una dosis perfecta, como sucede con el buen chocolate. 

Dentro del elenco de lujo, tenemos entre otros a Juliette Binoche, Alfred Molina, Judi Dench Carrie-Anne Moss, Johnny Depp y Lena Olin, esta última esposa de Hallström, director de la película.

Quiero sin embargo centrarme esta vez en los personajes femeninos, y así analizar como esta película, sin proponérnoslo directamente, explora maravillosamente el mundo de lo materno y su diversa expansión en el contexto temático de las madres. 

La trama central parte de una leyenda Maya en la que un europeo, enamorado intenta crear una familia con una mujer errante, como lo plantea la historia contada por Vianne (Binoche) a su hija Anuck (Victoire Thivisol), Vianne está refiriéndose a su madre de nombre Chitza como una de estas mujeres nómadas que deben escuchar al viento del norte y viajar ambulantes donde puedan ellas llevar las bondades espirituales del Cacao.

Esta fuerte línea materna y ese “llamado” obedece a la tradición que muchas veces es casi imposible de romper, o que solo algunas hijas valientes se atreven a romper para construir, a partir de su rebeldía, un diferente camino de vida para sus hijos.

Dentro del desarrollo de la película también me interesan otros personajes secundarios que en sus líneas de diálogo nos revelan características sobre la maternidad. Armand (Dench) y su hija Caroline (Moss) tienen una relación Madre-Hija disfuncional por incompatibilidad de opiniones.

Armand se nos presenta en una etapa de la vida en la que no se arrepiente de nada de lo que ha vivido y nos dice que, a ojos de su hija, es una mala influencia para su nieto tema central del conflicto entre estas dos tan divergentes madres. Estas diferencias las vamos a ir viendo desarrollarse a lo largo de la película y encontrar, entre ellas, un punto medio cerca del desenlace de la misma. Caroline es una joven viuda que al igual que Vianne (ambas mujeres independientes y atractivas) están en la tarea de educar a sus respectivos hijos llevando la carga solas, sin que esto impida, en ningún momento, la buena crianza (desde sus puntos de vista). 

Otra figura materna menos matizada en la película, pero no menos importante, que nos hace reflexionar en una etapa de la madres en la que pueden ya no sentirse mujeres atractivas para sus esposos, sino simplemente la madre de sus hijos, está representada en el personaje de Ivette Marceau (Élisabeth Commelin). Su problema es que su esposo ya no siente atracción por ella, en el corte final de la película no se nos indica nunca que ella es madre, solo una mujer frustrada sirviendo a su esposo; no obstante, como buen cinéfilo, revisando el material grabado y no incluido en la película, encontré una escena suprimida clave para entender la dimensión de su frustración, en dicha escena, Ivette esta junto a su hijo ordeñando unas vacas y una línea de diálogo por parte de su hijo, dispara en ella la alerta de su frustración, su hijo sin ninguna mala intención se refiere a la vaca vieja como ya inservible por ya no dar más leche.

La actuación de Cammelin en esta secuencia es fabulosa con una sola mirada. Es una pena que en la edición final no incluyeran esta escena tan reveladora.

Regresando a las protagonistas de esta historia Chitza-Vianne-Anouk y su fuerte lazo generacional, es fantástico como está planteado en la película la importancia de la tradición pero también, la renovación, el cambio y la trascendencia que cada madre tome en el recorrido de su propio camino de vida para garantizar en sus hijos esa libertad de poder forjar cada quien su propio destino. 

Que sirvan estas palabras para invitar a ver y disfrutar de esta maravillosa película y todas las demás que nos recuerdan las cualidades más hermosas de las madres. Como Vianne en CHOCOLAT, a quien podemos definir como una guía generosa, desprendida, y tolerante.