De nuevo la plaga del dengue

De nuevo nos ha caído sin piedad la plaga del dengue.

A la fecha se contabilizan 12,000 casos de la epidemia a nivel nacional. Pero debemos detenernos en el análisis de una situación particular: La mayoría de los expedientes pertenece a menores de edad.

La peste se ha ensañado con los niños. Y esto es así, porque los pequeños han sido llevados por sus padres o parientes a los establecimientos asistenciales justo cuando su estado era irreversible y ya no había nada más qué hacer.

La alarma que ha generado la apocalíptica proliferación del dengue tiene su fundamento. Y es que se estima que cerca de 70 personas han muerto a causa del virus transmitido por el zancudo Aedes Aegypti, aunque solamente han sido certificados la mitad de tales expedientes de mortalidad.

En Honduras la epidemia ha alcanzado su patente de corso. Seis de cada diez casos de dengue grave documentados a nivel del continente están registrados en nuestro país.

Diversos factores se conjugan para agravar el cuadro del dengue diseminado en nuestro territorio. Tendríamos que anotar entre estas valoraciones, la indiferencia de la misma población a observar las medidas de prevención.

En la presente época de violentos brotes de la peste, habitantes de los sectores más populosos han mostrado resistencia a permitir el ingreso de personal desplazado para las labores de fumigación y aplicación de químicos para destruir los criaderos del zancudo transmisor.

No eximimos de responsabilidad a los funcionarios encargados de llevar la gestión del aparato asistencial público del país por su pasmosa respuesta y su corta visión o incapacidad para hacerle frente al vector que transmite el dengue.

Con todo y que los cuadros de la epidemia crecían inmoderadamente y las características epidemiológicas se tornaban mucho más agudas, las autoridades del ramo insistían en que no era necesario adoptar disposiciones de emergencia.

No fue sino hasta ahora, cuando la batalla contra el zancudo se volvió cuesta arriba que la Administración Central decidió declarar alerta en 12 departamentos por el ataque feroz del dengue.

¿Por qué en nuestro país no se da lectura oportuna a las señales de las tragedias como en efecto sucede con la epidemia del dengue que ya arrebató la vida de casi siete decenas de personas; en su mayoría, niños?

Ha sido una costumbre que ante las plagas mortales, las respuestas lleguen tardíamente y la puesta en práctica de medidas de prevención y curativas no tengan mayor impacto por negligencia pura, ineptitud, desconocimiento y otras debilidades imperdonables.

Hace casi una década, Honduras sufrió uno de los peores latigazos. En ese entonces, la plaga cegó la vida de un centenar de personas. Diez años después, estamos ante una crisis sanitaria muy semejante.

Lo que toca es conjugar acciones, actuar diligentemente y trazar las estrategias sanitarias que permitan ganarle la guerra al zancudo transmisor del dengue que ahora nos tiene de rodillas. ¡Desgracia grande para un país con una población mayoritariamente pobre y enferma!