Los problemas de suministro de energía eléctrica están a la orden del día en zonas relevantes del país, una situación que golpea al aparato productivo y que trastorna las expectativas de competencia de Honduras.

Las quejas se han multiplicado, particularmente en los departamentos de Olancho y Atlántida, aunque también proliferan los reclamos entre los pobladores de Cortés, Francisco Morazán y la región occidental.

Las denuncias en torno a la baja potencia y a las dificultades en la transmisión y distribución de fluido eléctrico han sido una constante y no necesariamente un inconveniente de ahora.

¡Cuán condenable es que hayan transcurrido tantos años sin que se hubiese hecho lo pertinente! Más bien se apilaron todos los males vinculados con la caída de potencia, las pérdidas técnicas, la tardanza en la adjudicación o la contratación amañada de proyectos de generación de energía eléctrica.

Los habitantes, los comerciantes y los industriales de las regiones afectadas han expresado su desesperación por todas las horas que permanecen sin energía eléctrica, lo cual les causa grandes pérdidas.

Los pequeños y medianos negocios se han venido abajo porque se ven obligados a recortar sus actividades, las labores escolares también sufren suspensiones y, en los centros de salud y hospitales, se pone en peligro la conservación de los medicamentos, además de colocar en vilo la vida de los pacientes por la falta de energía eléctrica.

Es criticable la poca capacidad de reacción de los burócratas y técnicos de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), para solventar los problemas de suministro.

Los llamados “apagones” son fatales por sus consecuencias, porque la energía eléctrica es el motor que mueve la economía y el combustible que hace que se mantenga la generación de bienes y servicios.

¿Cómo pasar inadvertida la responsabilidad de la parasitaria Comisión Reguladora (CREE)? Su culpa es de alto voltaje y tendría que ser deducida, porque -además de las interrupciones inexplicables- los abonados cargan con altas tarifas y el desbalance de la estatal eléctrica que presiona cada vez más sobre las finanzas públicas.

La población exige respuestas válidas y acciones inmediatas para evitar que la interrupciones del servicio provoquen mayores perjuicios en la economía nacional y en otras áreas vitales.

Las autoridades de la ENEE han afirmado que los problemas más agudos, que se presentan en el Litoral Atlántico y en Olancho, serán solventados en unos 20 días. ¿Hay que darle credibilidad a este compromiso, si durante varios años fue pronunciado ese mismo discurso que -al final- se quedó en palabras?

¡Que termine ya el sacrificio de los abonados de energía eléctrica y que Honduras camine hacia la transformación integral del sub-sector eléctrico!