La devoción a la Santa Cruz es una tradición milenaria de la iglesia católica que data del año 292 cuando Santa Elena encontró la cruz donde murió Jesucristo.

La tradición de revestir las cruces cada 3 de mayo con papelillo, flores o mantos de colores fue heredada al pueblo hondureño por los españoles.

En Tegucigalpa la antigüedad de esta devoción es narrada a través de cinco cruces, relató el historiador y periodista Nahúm Valladares, quien nos acompañó en un recorrido por estas obras que han sido testigos de la fe católica durante generaciones.

1- La primera parada fue la catedral San Miguel Arcángel donde se conserva “La Cruz Quemada”, el más antiguo símbolo de la cristiandad en Tegucigalpa.

La cruz perteneció a la primera parroquia que se abrió a los feligreses del Real de Minas de Tegucigalpa en el siglo XVII; La Limpia de la Inmaculada Concepción, destruida por un voraz incendio en junio de 1746.

“De ese templo solo pudo rescatarse la pila bautismal de pura piedra de cantera que el vicario Francisco Alemán donó en 1643, dos pilas para santiguarse y no se pudo llegar hasta el retablo para que las llamas no destruyeran el crucificado tallado en España, lográndose rescatar el madero con la imagen carbonizada”, narró Valladares.

El padre José Simón de Celaya guardó en su casa el madero y el padre Márquez la dejó en la sacristía de la parroquia de San Miguel en 1782, estuvo en el museo Eclesiástico de la Galería de Arte y hoy se guarda como reliquia en la capilla del Señor de la Humildad en la catedral metropolitana.

2- En el patio lateral sur de la misma catedral de Tegucigalpa, se encuentra una cruz que hoy revelamos como parte de la historia de la ciudad, es la que investigaron los historiadores Rómulo E. Durón, Gonzalo Guardiola y Juan B. Valladares.

La cruz fue colocada por el padre Juan Francisco Márquez Castejón, cura párroco de la iglesia de San Miguel Arcángel, para señalar el lugar donde fue sepultado el padre José de Simón Celaya y Cepeda, constructor del templo, quien pidió al padre Márquez que al morir lo sepultara en un lugar próximo a su obra.

La condición especial fue que no quería lápida, ni inscripción alguna que señalará el sitio de descanso de sus restos mortales. Su deseo fue cumplido, pero el secreto no fue guardado, la cruz de piedra sin señal alguna es su guardián para siempre.

3- Frente al templo del Calvario en el Barrio Abajo , en el año de 1783 el padre Vicente Artica, encargado de la capilla que servía en el antiguo Cementerio de Tegucigalpa, mandó a confeccionar en piedra rosada de las canteras de Saucique una cruz, que por muchos años sirvió de destino final a la procesión de Vía Crucis en la época colonial.

Esta es “La Cruz del Perdón”, un símbolo del catolicismo tegucigalpense que muchos desconocen su existencia en la plaza de El Calvario frente al Parque Herrera.

4- Hace muchos años existió, donde hoy está la colonia Alameda, una hacienda propiedad del señor Eligio Elvir Quiñonez, llamada “La Cruz Larga”. Para entrar a la propiedad partiendo desde el barrio La Guadalupe, el acceso al lugar se hacía por su falso, donde se encontraban tres cruces de piedra, que los vecinos para las festividades del 3 de Mayo vestían con cortinas, adornaban con flores y en peregrinaciones visitaban el sitio quemando pólvora.

Ese sector de la capital fue urbanizado y edificaron hoteles y otras casas, las cruces desaparecieron, pero más de algún cristiano quiso que no quedará en el olvido “La Cruz Larga” y confeccionaron una cruz de hierro, que es el referente de aquel lugar.

5-La Cruz de San José de la Montaña, es otro símbolo cristiano de los tegucigalpenses, se colocó al pie de las gradas que llevan al antiguo templo que construyeron los primeros habitantes del lugar, que en la época colonial se conocía como “Los Altos” y que pasó a llamarse por el agradable clima como “Buenos Aires”.

La cruz es muy antigua y para las fiestas del 3 de Mayo, tradicionalmente se ha utilizado para venerar el símbolo que los romanos destinaron para sacrificar y darle muerte a Jesucristo.