Los mensajes que invitan a reflexionar y evaluar nuestra conducta, intenciones y voluntades con motivo de la Semana Santa, son verdaderos y justificados.

Es que este tiempo es propicio para dar una mirada a nuestro alrededor y saber por qué nuestras células familiares están en franco proceso de desintegración, por qué la sociedad está partida en mil pedazos y qué motivos explican las posturas irreconciliables en este país.

Debido a que hemos abandonado nuestros principios y dicho No al rescate de nuestros valores y compromisos nacionales, es que hemos convertido a Honduras en un caldo de cultivo de la “anarquía”.

Hemos restado sensibilidad a nuestras relaciones de convivencia, a la justicia en nuestras actuaciones; además, despreciado la responsabilidad de abonar a la construcción de un país grande.

Hemos iniciado el período de descanso de verano. Estamos en plena Semana Mayor. Como suele suceder en esta época, los líderes de las distintas denominaciones religiosas han llamado a un momento de meditación y escrutinio propio.

Aunque tales invitaciones parezcan trilladas, no está de más que los personajes que tienen el deber de fortalecer la reserva moral de este país y de mantener la guía espiritual de las masas, insistan en la necesidad de retomar el camino del bien.

Es cierto. Conviene que los hondureños volquemos nuestros pensamientos, voluntades e intenciones en el adecentamiento social, la restauración y la transformación integral.

Es nuestro deber ineludible contribuir a cambiar el país. La Semana Santa, es una buena oportunidad para rescatar los valores profundos y las convicciones que configuran la vida de las personas.

Tengamos, entonces, una oportunidad de discernimiento y de evaluación íntima, a la luz de un compromiso con nuestra patria y con la sociedad, preferentemente con aquéllos que carecen de todo; es decir, con nuestros semejantes que claman por solidaridad, misericordia y humanismo.

No nos cansemos, gobernantes y pueblo, de buscar el bien y de procurar la justicia en todo momento. Porque éste es el único camino que nos lleva a la verdad, a la prosperidad y a la grandeza.