De sobra es conocido que la crisis derivada de la escasez de agua tiene ribetes apocalípticos para los hondureños, con mayor acento para los habitantes de la capital.

Basta con revisar las cifras. La represa Los Laureles apenas llega al 34 por ciento de su capacidad, el embalse La Concepción nada más alcanza el 58 por ciento del nivel máximo y la fuente de El Picacho cayó estrepitosamente en su potencial hídrico.

Los incendios forestales en núcleos del Distrito Central rozan los 80 en tres meses transcurridos de 2019, una desgracia que tiene caras consecuencias, porque reduce drásticamente la disponibilidad del vital líquido, además de significar un acelerado proceso de desertización.

Ante este angustioso escenario, resulta desconcertante que en varias décadas no hayan podido ser concretados los proyectos de nuevas represas para aprovechar el caudal de precipitaciones durante las épocas de invierno.

Como en los anteriores períodos edilicios, en la actual administración del gobierno de Tegucigalpa y Comayagüela, prevalecen la corta visión y el criterio invertido en cuanto a las prioridades del municipio.

La atención de la Alcaldía Municipal está volcada sobre las obras de infraestructura; sin embargo, se ha relegado a un segundo orden el problema del agua que está sustancialmente relacionado con la construcción de nuevos embalses.

La primera necesidad es solventar las dificultades que enfrentan quienes residen en el Distrito Central por las extensas temporadas de sequía y el abastecimiento pírrico de agua potable.

Existe un empecinamiento por el desarrollo de obras físicas. Los reportes del gobierno local reflejan que, entre 2014 y 2018, fueron entregadas nueve soluciones viales en Tegucigalpa y seis pasos a desnivel en Comayagüela, trabajos éstos a los cuales se añadieron cinco obras millonarias en la ciudad gemela.

En total, se calcula que en la anterior gestión se destinaron más de cinco mil millones de lempiras en proyectos de infraestructura para la modernización de la ciudad.

Si bien, la habilitación de puentes y pasos a desnivel son importantes para evolución de la capital, nos preguntamos: ¿Son vitales como Sí lo son la eficaz captación de agua, la planificación del suministro y la entrega equilibrada y justa del servicio?

Es cuestión de poner en una balanza si las edificaciones en el Distrito Central bajo el concepto de las nuevas urbes, la generación de empleo y el florecimiento de negocios, están por encima de la sobrevivencia de los habitantes de la capital que depende del agua.

Nos estamos quedando sin este recurso indispensable. Y, para ser crudos y llanos, la sentencia condenatoriaestáfirmada si, de inmediato,  no es confeccionado un folio de medidas que eviten que, al cabo de diez años -en 2030- las disputas por el agua se vuelvan extremadamente violentas, hasta la muerte, en el Distrito Central.

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