Elsalvador.com. La muerte más reciente provocada por la guerra que libran traficantes de drogas y pandilleros de la 18 que quieren tener el control de la venta de estupefacientes en el sector conocido como La Placita, en la colonia Zacamil, de Mejicanos, fue la noche del lunes.

Romel David Martínez, de 18 años, fue acribillado a balazos en el estacionamiento que comparten los residentes de los 240 apartamentos y unas 40 casas situadas entre calle Zacamil y la avenida Magisterial, a pocos metros de la Subdelegación de la Policía de Mejicanos y de los Juzgados de lo Civil.

El año pasado, según los vecinos de Martínez, también murieron en circunstancias violentas sus dos hermanos: un adolescente de 15 años y una mujer (ver nota aparte).

Este homicidio se suma a otros cinco registrados en la misma zona, entre enero y octubre de 2018, y que también habrían sido cometidos por la disputa de la venta de drogas, de acuerdo a las autoridades.

El Diario de Hoy gestionó, a través de la Oficina de Comunicaciones de la Policía Nacional Civil, una entrevista con el jefe de Mejicanos para que explicara qué se está haciendo ante el problema, pero al cierre de esta nota no hubo respuesta.

Desde que los hechos delictivos empezaron a ser cometidos con más frecuencia, los residentes se organizaron para mandar a instalar un portón y contratar a un vigilante privado. Mensualmente, cada familia paga por el servicio prestado entre $5 y $10.

Pero estos dispositivos de seguridad no impidieron que tres pandilleros de la 18 ingresaran para matar a Martínez, el lunes.

Fuentes policiales revelaron que los delincuentes irrumpieron por un pasaje situado en la parte trasera del complejo de apartamentos en donde no hay vigilancia. Ese tramo colinda con unas comunidades donde hay presencia de pandilleros.

Romel David estaba cerca de una tienda cuando se percató de que tres “extraños” caminaban por el estacionamiento; cuando se acercó a ellos para encararlos le asestaron varios disparos y murió de inmediato. Luego los pistoleros escaparon despacio por el mismo lugar por donde entraron, relataron algunos testigos.

Contrario a lo que ocurre en otras escenas de muertes violentas, esa noche no había curiosos observando a los investigadores recabar evidencias.

El homicidio de Martínez no parecía haber alterado la tranquilidad de los moradores. A unos se les veía en los negocios cercanos comprando alimentos para la cena; varios niños jugaban cerca del cordón policial que protegía la escena del homicidio y otros residentes que iban llegando de trabajar no se mostraban asombrado por lo sucedido.

Algunos lugareños no ocultaron que en esa zona habitan personas que se dedican al narcomenudeo y que tienen claro que los homicidios recientes están relacionados al control del territorio que quieren tener los pandilleros.

“Con quienes vivimos aquí (los vendedores de droga) no se meten. Quizá hemos normalizado que estén entre nosotros porque cuidan e impiden que se vengan a instalar las pandillas, porque aquí la Policía no se asoma, ni porque a la vuelta está el puesto”, expresó una lugareña.