En lo que ha transcurrido de 2019, un promedio de 150 emigrantes hondureños han sido devueltos por su condición ilegal, mientras que los compatriotas que se fueron en caravanas están cada vez más dispersos.

A este grupo se agregan unos 7,000 connacionales que retornaron voluntariamente desde Guatemala y México, en su travesía hacia Estados Unidos.

Unos siete mil compatriotas que salieron de territorio patrio lograron llegar hasta Tamaulipas, México, y -de esa cifra- 300 personas se quedaron en ese término azteca, gracias a que obtuvieron un espacio laboral.

Alrededor de 2,000 hondureños recibieron una tarjeta de inmigrantes por causas humanitarias y también tuvieron en frente oportunidades esporádicas de trabajo; sin embargo, su determinación se inclinó a darle continuidad a su viaje hacia la Unión Americana.

Debe agregarse otro grupo de dos millares de connacionales que se encuentran en Chihuahua, con la pretensión de tener una respuesta positiva a su solicitud de asilo.

Hay que anotar que solamente en enero fueron deportados cerca de 13,000 centroamericanos desde México y Estados Unidos. Los registros arrojan una conclusión indiscutible: En comparación con el año pasado, la deportación de emigrantes de Honduras, Guatemala y El Salvador, ha ido en aumento.

Al cierre de 2018, los retornos de emigrantes sumaron 75,200 hondureños; es decir, 27,200 más que en 2017, cuando las deportaciones llegaron a 48,000.

Guatemala reportó la cifra más abultada de ilegales expulsados, después de El Salvador, según la Organización Internacional para las Migraciones.

Los tres países del Triángulo Norte cuantificaron en 2018 alrededor de 200,000 deportados, en su conjunto, una tendencia que se mantiene en 2019.