Conforme los trastornos climáticos se vuelven más profundos, la escasez de agua coloca a Honduras a las puertas de una calamidad y de una guerra por el acceso al vital líquido.

Estudios elaborados por organismos especializados revelan que el 80 por ciento de los municipios del país tienen problemas de suministro de agua.

Hace dos años, por lo menos tres millones de personas enfrentaban dificultades por la entrega irregular de agua o por la pobre potabilidad del líquido, asociada con la proliferación de enfermedades.

No hay distinción alguna entre las comunidades grandes y las de menor relevancia. La mayor parte de dichos términos registran serios inconvenientes porque el abastecimiento llega a cuenta-gotas.

El servicio en forma irregular tiene más impacto, por su masa poblacional en ciudades como Tegucigalpa y Comayagüela, en Francisco Morazán; Santa Rosa en Copán; La Ceiba y Tela en Atlántida; y  Siguatepeque y Comayagua en el departamento del mismo nombre.

Es la misma experiencia que se presenta en Catacamas y Juticalpa en Olancho; Choluteca; Marcala, La Paz; La entrada, Copán; Gracias, Lempira; y San Marcos de la Sierra, Intibucá.

Casi tres millones de personas no tienen acceso a agua potable. Y si cada una de ellas requiere un mínimo de 100 litros diarios para cubrir sus necesidades primarias, significa que el déficit es de alrededor de 300 millones de litros cada 24 horas.

Honduras necesita realizar una inversión no menor a 9,300 millones de lempiras para cumplir con los objetivos propuestos a 2022, en las materias de suministro de agua potable y proyectos de saneamiento.

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