Por: J.R.Mass

Los contratos colectivos, en sentido puramente nominal, son un pliego de compromisos que reivindican los derechos de los trabajadores y vuelven recíprocas sus aspiraciones económicas y sociales.

Pero, los convenios a que han llegado los prestadores de su fuerza laboral y las empresas e instituciones que desempeñan un papel crucial en el progreso de Honduras, han resultan ser desmesurados.

Estos consensos torcidos han erosionado las finanzas de las dependencias estatales y de entidades que operan con las aportaciones de fondos públicos y privados.

Tomando como referencia datos de hace unos cuantos años, concluimos que las grotescas erogaciones establecidas en las cláusulas de los acuerdos laborales constituyen una de las razones del debilitamiento de empresas emblemáticas del país.

Los ejemplos están a la luz. Las empresas de Energía Eléctrica, de Telecomunicaciones, Nacional Portuaria, el Instituto Nacional Profesional (INFOP), y el Seguro Social, sólo para mencionar unos casos, han sufrido el zarandeo de la carga financiera de los contratos laborales.

Las concesiones negociadas por razones populistas y políticas excavaron progresivamente las bases financieras y provocaron un desbalance insuperable entre los ingresos y los gastos de las estatales hondureñas.

Históricamente, la mayor parte del presupuesto de importantes dependencias del Estado se ha derrochado en el pago de sueldos y salarios y en el otorgamiento de privilegios descomunales.

La dirigencia sindical y sus afiliados no se han medido en sus ambiciones, a tal grado que -hasta hace poco- se estimaba que al menos 5,000 millones de lempiras eran drenados a través de “leoninos” Contratos Colectivos de Condiciones de Trabajo.

No se presentan muchas variaciones hoy día, como lo demuestran los informes sobre la decadencia del INFOP, el derrumbe de HONDUTEL, el hoyo negro en que está la ENEE y los signos críticos que presenta el Seguro Social. Son apenas algunos expedientes significativos a los que podemos remitirnos.

Llegó el momento de actuar con cabalidad, rectitud y honestidad. Porque el discurso hipócrita sobre la defensa de los derechos laborales y el reconocimiento de las conquistas salariales de los trabadores ha conducido a excesos que han terminado por desangrar las empresas estatales que cumplen un papel preponderante en el progreso del país.

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