El Instituto Nacional de Formación Profesional (INFOP), es -verdaderamente- una historia de obsceno derroche de fondos, mala administración, contaminación política, abuso sindical y un mediocre adiestramiento de competencias laborales.

Después de que la empresa privada amenazó con retirar su representación de la entidad y exigió la rendición de cuentas claras, así como un plan de reingeniería, se ha profundizado la crisis.

La confrontación entre los funcionarios y la dirigencia sindical del INFOP se agudizó y tomó una ruta que puede llevar a cosas mayores. Ambos sectores han hecho un relevo de responsabilidades.

Ninguno de estos actores está dispuesto a cargar con su culpa en el proceso de atrofia del INFOP que comenzó hace mucho tiempo y que no ha sido, sino hasta ahora, que ha recobrado interés.

Aunque son de vieja data, siempre causan desconcierto los informes sobre el gasto descomunal de los recursos que deberían ser invertidos en la formación de personal altamente calificado, que es un eje en la generación de empleo y fortalecimiento de la economía de nuestro país.

Es repugnante conocer detalles de cómo se ha expandido una red de sindicalistas y personal parasitario administrativo que consumen casi el 80 por ciento del presupuesto del INFOP.

No menos reprochables son los abusos cometidos en todas las administraciones de la institución de formación profesional. Los señores que están en el turno devoran nada menos que cinco millones de lempiras mensuales nada más por derechos salariales, sin contar con  excesos de toda laya que pueden ser endilgados a ellos.

Es patético. En primera instancia, es un problema que ha venido tomando dimensiones de podredumbre por varios años; sin embargo, es ahora cuando se pone el grito en el cielo y se arma todo un movimiento tendiente a enmendar los desaguisados cometidos en INFOP.

Es una necesidad inmediata la elaboración de una hoja de ruta, en aras de enderezar los entuertos de la formación profesional y cubrir el faltante de talento en áreas estratégicas del desarrollo de Honduras.

Los recursos son gastados sin una visión de desarrollo, la formación profesional está cuestionada más que nunca, mientras la oferta y demanda laboral se encuentran totalmente divorciadas.

Esta suma de yerros que resultan de la desgraciada mezcla de corrupción, política y voracidad gremial, nos cuestan muy caros. Hay que revertirlos, a menos que nuestra decisión sea la de enclaustrarnos en los males del subdesarrollo, la falta de competitividad, la generación ficticia de empleo y el estancamiento de la economía.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here