La planificación se define como el proceso meditado que persigue cumplir diversos propósitos mediante una serie de pasos y tareas iguales o complementarias.

Diríamos que este ciclo es indispensable para delimitar la ruta a seguir y visualizar el destino hacia el cual queremos arribar para materializar tal o cual propuesta de desarrollo.

En el caso nuestro, podemos afirmar que no hemos contado con una planificación de crecimiento elaborada sobre la base de una visión de país. Hemos caminado “al garete”, hundidos en la improvisación.

Las políticas públicas son cortoplacistas. Hemos vivido en medio de compromisos que terminan reducidos a pura letra muerta. Esto explica por qué seguimos dando vueltas en torno a los problemas estructurales de siempre.

Un designio distinto le hubiese deparado a nuestra Honduras si se hubieran adoptado las herramientas de planificación adecuadas, y no de la imprevisión.

Nuestras autoridades, en las distintas gestiones, se han dedicado a “apagar fuegos”, porque no ha existido capacidad de prever los hechos críticos ni de responder con oportunidad a nuestros problemas apremiantes

Para citar unos cuantos hechos, nos remitimos a las crisis agudas que sacuden los sectores salud y educación, los ejes del desarrollo de este país y, al mismo tiempo, las dos áreas de la actividad pública más conflictivas.

Las confrontaciones entre movimientos sociales, las jugadas sucias gestadas por los políticos, las tretas de los corruptos, y otros males, son parte de nuestro desorden institucionalizado.

En Honduras son un común denominador las actuaciones sobre la marcha, las iniciativas de pararrayos, la puesta en vigor de políticas no razonadas y las conveniencias emponzoñadas.

Los hondureños nos hemos enclaustrado en la concepción y ejecución de acciones sin directrices, muy lejos de una ruta que nos guíe hacia un plan de nación y visión de país.

Enfrascados en este errática pauta, no habrá manera de que sean privilegiados los derechos y los reclamos de las mayorías, pues -dentro de la improvisación- se imponen los grupos minoritarios que sobreviven a costa de los desfavorecidos que siguen a la espera de que en Honduras se planifique la transformación del país.

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