El infortunio del Seguro Social no tiene precedentes.

El rompimiento del techo de aportaciones y cotizaciones que entra en vigencia este año obliga a los empresarios y a los trabajadores a realizar un mayor sacrificio para alimentar y sostener las finanzas de la institución víctima de un monstruoso fraude.

Esta vez, los exponentes del capital han ido de frente contra los comisionados que intervienen el Seguro Social desde hace un quinquenio.

Sus argumentos son legítimos. Pasaron cinco años desde que estos señores tomaron las riendas de la entidad, en procura de rescatar sus finanzas, mejorar la calidad de la atención y sentar las bases de un régimen de seguridad social digno, justo y equitativo.

En rigor de verdad, en ese lapso no pasó nada. El Seguro Social tiene la huella impresa de la estafa fraguada en la gestión del ex director, Mario Zelaya, en concurso con inescrupulosos empresarios, infames políticos y su harén utilizado para sustraer los dineros de la entidad.

Transcurrieron cinco largos años desde ese desgraciado capítulo, empero la intervención no ha marcado la diferencia por más que los comisionados defiendan su vegetativa permanencia en las labores pensadas inicialmente para sanear y reconstruir la operación y administración del Seguro Social.

Es hora de que los cuestionados personajes entreguen un informe de su trabajo, de los fondos que han manejado y de los rubros en que este dinero ha sido invertido en los diversos regímenes del sistema.

Porque hay más falacias que verdades en los reportes que contienen los indicadores de cobertura de la población, balance presupuestario, desempeño de personal médico, mora quirúrgica, atenciones hospitalarias, asistencia en las salas de urgencias y abastecimiento de medicinas e insumos.

Los derechohabientes, que cada día sufren en carne propia la realidad de la calamitosa seguridad social en Honduras, pueden dar fe que la institución continúa en cuidados intensivos y que su estado financiero es inestable.

El obsceno desfalco consumado hace unos años, ha tenido secuelas que no han sido revertidas. Condenable es que estos efectos caigan con saña sobre los afiliados, los únicos sacrificados por la obra perversa de los deshonestos que se instalaron en el Seguro Social para saquearlo a manos llenas.

Hay que dar un giro sustancial con miras a reivindicar los derechos de los afiliados, reformar su estructura administrativa y transformar la operatividad de la institución, a la luz de una transparente rendición de cuentas; en suma, una real plataforma de seguridad social en Honduras.

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