¿Cae en pedazos el liberalismo entre conspiraciones y traiciones?

En el liberalismo, las divisiones se profundizan y las alternativas de unidad partidaria se desvanecen entre las acusaciones de conspiración y movimientos de piezas en la bancada del Congreso Nacional.

El ex aspirante presidencial, Elvin Santos, ha denunciado un golpe técnico en perjuicio de su liderazgo dentro del ala rojiblanca en la Cámara Legislativa.

Este movimiento ha sido atribuido a una campaña de chantaje impulsada por las autoridades del Consejo Central Ejecutivo, órgano de gobierno de la institución.

Según lo que ha trascendido en círculos políticos, el grupo integrado por los ex candidatos Luis Zelaya, Mauricio Oliva y otros líderes incondicionales, se habrían dado al trabajo de comprar consciencias y negociado con un sector de congresistas el levantamiento de firmas para nombrar a un nuevo jefe de bancada.

Coincidentemente, estos legisladores que se supone se prestaron a la jugada para descalabrar al ala «elvincista» en el Congreso Nacional, son los que habían sido expulsados por distanciarse de la línea partidaria.

A cambio, se ha revelado que las autoridades del Consejo Central Ejecutivo se habrían comprometido a dejar en suspenso el proceso para echarlos de las filas de la entidad rojiblanca.

Autoridades del partido han anunciado el cambio de autoridades dentro de la representación legislativa del Partido Liberal, un hecho que Santos y compañía ha catalogado como el producto de un plan de traición.

La Presidencia del Consejo Central Ejecutivo ha dado por cerrado el capítulo y lanzado una sentencia: «Ha existido un pacto entre el lado oscuro del liberalismo con el poder ejercido por los nacionalistas».

El Partido Liberal queda más fracturado en circunstancias especialmente vitales, dado que están en pleno desarrollo las componendas alrededor de las reformas constitucionales y electorales.

Irreconciliables son las diferencias entre los miembros del liberalismo; unos, acusan a los actuales directivos de estar destruyendo la institución del emblema rojiblanco; otros, defienden las acciones del órgano de gobierno partidario.

Los veteranos miembros de la institución centenaria sostienen que en sus filas no puede alimentarse la división entre «buenos y malos», entre los «transparentes y los del «lado oscuro» o entre «los fieles y traidores».

El liberalismo necesita entrar en un proceso de acercamiento para salvar la actual crisis, a juicio de los politólogos que observan cómo el partido histórico se debilita y cae en fragmentos.