En Honduras no salimos de una para entrar en otra.

Hay agitación en el sector salud, lo cual no es extraño si recordamos que la crisis en el sistema asistencial público es permanente, es un común denominador.

Un segmento de sindicatos de la salud comenzó la semana recién pasada medidas reaccionarias, bajo la razón de que no han sido honradas las aspiraciones mínimas que fueron convenidas en su beneficio.

Otro vendaval se viene en algunos días si se cumplen las amenazas de las enfermeras y enfermeros auxiliares. Las acciones estaban planificadas para dar inicio mañana 7 de enero en la primera línea de atención; es decir, en los centros de salud y luego extenderlas a todo el sistema.

Sin embargo, los demandantes determinaron dar un compás de espera hasta el viernes 11 del mes en curso y, si para esa fecha sus pretensiones no son aceptadas, tres días después se haría efectivo un paro general.

Otro hecho anormal hace que las lluvias que caen sobre la nueva administración de Salud sean torrenciales, con el pronóstico de que se extiendan por más tiempo: El amañado proceso de nombramiento de plazas para médicos que fue llevado a cabo por las pasadas autoridades ministeriales.

No nos causa sorpresa. Con el paso de los años, la Secretaría de Salud se convirtió en un nido de podredumbre, de tráfico de influencias y un escenario donde se han movido redes mafiosas.

Ha sido también una guarida donde se han multiplicado decenas de agrupaciones sindicales que habitualmente antepusieron su provecho, por encima de las desgracias del aparato asistencial, donde no hay cabida para los enfermos pobres.

Está en pie la obligación contraída de revertir la crisis y dejar la huella de la transparencia en el contaminado, excluyente y cadavérico aparato asistencial público de Honduras. ¡Que así sea por el bien de las mayorías!

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