POR: J.R.MASS

La pobreza extrema es un látigo para un segmento creciente de la población hondureña.

En el lapso entre 2006 y 2017, el número de hogares en indigencia aumentó en más de 300,000. Pasó de 507,000 en 2006 a 614,000 en 2009.

Luego, se movió a 766,000 en 2014 y totalizó una cantidad de 834,000 en 2017. Al final, resulta que en este período abarcado de 2006 a 2017, los hogares en extrema pobreza se incrementaron en más de 60 por ciento.

La franja de miseria en el país se ha ampliado progresivamente con especial acento en la zona rural, si se efectúa un cotejo con lo sucedido en las regiones urbanas.

Por ejemplo, entre 2006 y 2017, se agregaron a la población de pobres extremos 525,000 hogares en las comunidades rurales, una cifra que representa un aumento de 75 por ciento.

Y en la categoría urbana, la porción de las familias menesterosas se movió desde 206,000 a 308,000 núcleos, lo que es correspondiente con un aumento de cincuenta por ciento.

La pobreza extrema es un término utilizado para definir al estado más bajo de discriminación social que incluye a las personas que no pueden cubrir el costo de alimentos esenciales.

Es una condición de penuria que impide a quienes se encuentran en dicho escalón satisfacer sus necesidades básicas como la disponibilidad de alimentos y agua, y el acceso a salud y educación.

En el glosario de los organismos internacionales, se considera que las personas viven en calidad de pobres extremos si sus ingresos son menores a dos dólares al día.

La erradicación de la pobreza extrema y del hambre es la primera de las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio acordados por los Estados que forman parte de la Organización de Naciones Unidas (ONU).