La expectativa es que este día los actores de la crisis postelectoral logren destrabar los criterios alrededor de al menos cinco temas espinosos y alcanzar un acuerdo general que le dé carácter vinculante al diálogo político.

 

Las posturas deben ser unánimes. Si esa condición no está dada, las propuestas de reformas convenidas en las mesas técnicas instaladas con la mediación de la Organización de Naciones Unidas (ONU), no podrán ser elevadas para su discusión y aprobación en el Poder Legislativo.

 

Los facilitadores de dicho organismo internacional han reiterado que hasta el momento fueron plasmados 169 consensos alrededor de aspectos electorales, constitucionales y de Derechos Humanos.

 

Pero hay discrepancias en aspectos como la amnistía, el fraude electoral, el plebiscito, la reingeniería del Registro Nacional de las Personas y la integración del Tribunal Supremo Electoral.  Está claro que el asunto de la segunda vuelta fue excluido de la agenda por ser consensuada, debido a que se ha considerado como inviable.

 

Entre estas asignaturas pendientes, los participantes del diálogo político tienen mayor acercamiento en sus opiniones sobre la figura de la consulta popular para conocer si los hondureños están de acuerdo o no con la reelección presidencial y las posibilidades de su reglamentación.

 

Los representantes de la ONU que han actuado como amables componedores, han expresado que el diálogo es un triunfo alcanzado por los líderes y dirigentes políticos de Honduras.

 

Ese juicio no es compartido por algunos sectores de la oposición política, entre los que persiste la idea que las aproximaciones entre los representantes de los partidos Nacional y Liberal y los delegados de ex candidato, Salvador Nasralla, es un “total fracaso” y un “proceso que nació muerto”.

 

Analistas que, en el reciente pasado, estuvieron vinculados con la administración pública, piensan que, para que el diálogo sea efectivo, debe ser ampliado a otros segmentos, precisamente para discutir los temas controversiales de interés y beneficio nacional.

 

Y para escalar a dicho estadio, los políticos tendrían que acreditar su liderazgo genuino, su vocación conciliadora y su voluntad de contribuir con la consolidación institucional del país.

 

Desde el punto de vista de estudiosos de la sociología, el diálogo ha girado esencialmente alrededor de reformas a los procesos electorales, pero en ningún momento se han planteado cambios sustanciales en todo el sistema político.

 

No son pocos los generadores de opinión pública quienes se preguntan si el diálogo puede sobrevivir. Ellos mismos contestan: Es muy difícil lograr un acuerdo donde prevalece el interés de grupos y no las conveniencias de todo un país.

 

En consonancia con tales razonamientos, varios entendidos en el arte de la política advierten que el riesgo social de la “exclusividad” es excesivo si la administración del Estado demanda de una acción gubernamental y del acompañamiento de todos.

 

El compromiso de la clase política ha sido puesto a pulso en el largo proceso del diálogo que concluyó con más de un centenar de acuerdos, pero con diferencias en torno a los temas que han generado una profunda división en Honduras.

 

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