La vida de al menos doce personas ha quedado atrapada entre las llamas en la última década.

Los pirómanos, esos individuos con tendencia enfermiza a provocar incendios forestales, le han arrebatado la existencia a una docena de valiosos semejantes dedicados a combatir la destrucción del bosque.

La caída de integrantes del Cuerpo de Bomberos en un siniestro ocurrido el miércoles en “La Montañita”, es el tercer episodio de su especie que se presenta en el Distrito Central.

En 2006, una estudiante de la Escuela Agrícola Panamericana de El Zamorano, sucumbió en un incendio reportado en el Monte del Uyuca, en la parte oriental de la capital.

La joven María Karla Rivera de 17 años cumplía una asignación especial en el mencionado sector, cuando se desató un incendio y la infortunada sufrió una crisis asmática que le costó la vida.

Pasaron 24 meses y este escenario fue reeditado. En 2008 cuatro integrantes de Las Fuerzas Armadas y cinco empleados del Servicio Autónomo Nacional de Acueductos y Alcantarillados (SANAA), fueron abrasados en el cerro Upare, mientras participaban en las labores para sofocar un incendio de grandes proporciones.

En esa oportunidad perdieron la vida los militares Gumercindo Sánchez López, Selvin Omar Martínez Herrera, José Castro Flores y Julio César Suazo.

El mismo infortunio corrieron los obreros del SANAA Mario Evelio Sierra, Máximo Zerón Martínez, Eligio Escoto, Enrique Escoto y Julián Reconco Amador.

La desgracia volvió a caer. Esta vez se ensañó en la vulnerable humanidad de héroes del Benemérito Cuerpo de Bomberos, una desgracia que se ha presentado en un ciclo sin precedente por la proporción de los incendios y los daños generados sobre el ecosistema.

En la presente coyuntura se ha planteado la urgencia de incrementar las penas condenatorias para los pirómanos. Actualmente la quema del bosque es un delito castigado con reclusión entre tres y doce años.

En diez años, nada más tres sujetos imputados por dicho ilícito contra el ambiente han recibido sentencia condenatoria, según los datos facilitados por el Ministerio Público.

Los expertos en el estudio del los temas forestales se han pronunciado por una mejor coordinación de planes de conservación de los recursos del bosque, suelo y agua, además de proveer de los recursos necesarios y de las condiciones de seguridad a los elementos de las instituciones que combaten la destrucción de la riqueza forestal.

En los cuatro meses que transcurren de 2018 cerca de 40,000 hectáreas de bosque han sido consumidas por el fuego a nivel nacional, en lo que se considera la expresión de un verdadero crimen ambiental que pone en vilo la conservación de la vida en Honduras.