Se supone que para 2020, 50 mil familias del corredor seco tendrían que haber salido de la pobreza en sus distintos grados.

Por lo menos esta meta fue trazada hace unos tres años por la llamada Alianza para el Corredor Seco, una iniciativa creada para enfocar los esfuerzos al alivio de la desigualdad en esa zona.

Para ese propósito fueron comprometidas inversiones estratégicas en varias comunidades vulnerables, con el apoyo de la Agencia Internacional de Estados Unidos para el Desarrollo y del Banco Mundial.

Del discurso a lo concreto, la distancia es considerable. Los indicadores de subdesarrollo están en la misma franja y las demandas son vigentes entre los pobladores de la parte sur de Choluteca, Valle, Francisco Morazán, El Paraíso, Intibucá y La Paz.

Esta zona del país ha estado marcada por la elaboración de una diversidad de políticas públicas, emisión de decretos de emergencia e iniciativas asistenciales.

Las condiciones climáticas han presentado más adversidades en esa parte del territorio nacional, castigada por las sequías extremas y la pérdida de sus cultivos de subsistencia.

Investigaciones realizadas por expertos de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, concluyen que el corredor seco presenta altos índices de inseguridad alimentaria y nutricional, pobreza e indigencia.

También enfrenta condiciones limitadas para la producción de alimentos, principalmente de granos básicos, y para la creación de oportunidades de desarrollo rural.

Pero igualmente hay factores que juegan en contra de los habitantes del denominado corredor seco como son: La falta de financiamiento, ausencia de apoyo técnico e ingresos insuficientes para la supervivencia de las familias.

Los diagnósticos levantados en la zona apuntan que ha sido evidente la indiferencia para la aplicación de las políticas de Seguridad Alimentaria Nacional, de Competitividad y de Reducción de la Pobreza, así como de las estrategias complementarias.

Se estima que el 60 por ciento de las familias que habitan la banda sur de Choluteca, Valle, El Paraíso, Francisco Morazán, La Paz e Intibucá, tienen ingresos mensuales menores a los dos mil lempiras en promedio.

Se deriva de dicho cálculo que más de la mitad de los hogares del corredor seco solamente pueden cubrir entre el 20 por ciento del valor de la cesta de alimentos de consumo primario.

Son grupos poblacionales que dependen casi en su totalidad de la producción agrícola, pero se encuentran entre la espada y la pared. La asistencia financiera no es sostenida y la ayuda técnica tampoco es un pilar estratégico en el corredor seco, donde la productividad ha ido en caída y la seguridad alimentaria está en mayor riesgo.