Dos pasos se han dado con el propósito de imprimirle un giro al sector educativo y de impulsar una reingeniería en esta materia, que es vital para el progreso del país.

Es conocido que fue lanzado un “Pacto por la Calidad Educativa” y, por añadidura, está en funciones una comisión especial que ha sido integrada para conducir la reforma del sistema de enseñanza-aprendizaje.

Son diversas las tesis alrededor del llevado y traído asunto de la reforma educativa. Y es que en Honduras la educación ha sido planteada como una prioridad, pero sólo en teoría.

Pasaron décadas completas y en todas ellas, los gobiernos de turno han llevado en su discurso la asignatura de la calidad educativa que, en el terreno de la evaluación práctica, fueron puras palabras, agendas vacías y propuestas fracasadas.

Existe un saldo pendiente, porque la reforma educativa se ha colocado sobre la mesa en cosecha postrera y no temprana.

Hemos de reconocer como un logro importante la recuperación parcial de la gobernabilidad, tras varios períodos durante los cuales la relación entre los docentes, el Gobierno y los educandos se degeneró sobremanera.

Pero poco se ha caminado en la formación docente, en la cobertura y en el rendimiento de los estudiantes. Más estancados estamos en las materias de calidad y de adaptación de un modelo educativo pertinente.

Nuestro crónico problema es que nos hemos apropiado de moldes importados que no corresponden a nuestra realidad y limitado a administrar un sistema educativo rezagado y en desgaste vertiginoso.

Nuestro aparato de enseñanza-aprendizaje ha estado plagado y continúa afectado por una masa de profesores reprobados, en su mayoría; un acceso y cobertura discriminatoria, una infraestructura derruida y un raquítico sustento financiero.

Para transitar hacia una verdadera reforma, nuestro sistema educativo debería operar un cambio en el actual modelo que está caracterizado por la transmisión vertical de conocimientos, la memorización y la falta de interacción entre los alumnos y los docentes en el aula de clases.

Esa forma de aprendizaje fue abandonada hace 50 años en Europa, sustituido hace tres décadas en los Estados Unidos y superada hace más de 20 años en países como Chile, Argentina, Brasil y Colombia.

Los hondureños necesitamos introducirnos en el llamado “modelo constructivista” que busca enterrar la mera “repetición tonta e ineficaz de contenidos y de conceptos” para promover el análisis, el razonamiento y la capacidad de plantear soluciones a los problemas.

Estamos claros que una medida por sí sola no produce efecto alguno en la calidad educativa. De ahí que la pura integración de una comisión no imprimirá ese giro que requiere dar el aparato de enseñanza-aprendizaje.

Pero podemos aprovechar esta circunstancia para analizar los problemas de la educación y trazar una ruta segura. Urgimos de una reforma educativa que sea integral e incluyente; en fin, que sea el resultado de un proceso sustancial.

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