Es vergonzoso, pero debemos admitir que en Honduras estamos en ciernes en el ejercicio de la política, la gestión de la democracia y la voluntad para llegar a la estatura de conciliación.

 

Resulta lamentable que siempre estén bajo boicot las iniciativas tomadas para enrumbar a Honduras hacia un consolidado Estado de Derecho y un grado de madurez política, suficiente para garantizar el desarrollo con justicia social y la equidad económica.

 

No es impropio que hagamos estas reflexiones en el mes consagrado a las fiestas patrias y en el contexto singular del diálogo político que está en pleno curso.

 

Es cuestionable que estas aproximaciones entre las fuerzas políticas estén regularmente amenazadas por la intolerancia, la sordera, la falta de visión, las ambiciones y la tozudez de parte de algunos de nuestros líderes y dirigentes.

 

¡Qué doloroso es para nuestro pueblo que los personajes en quienes hemos depositado el poder popular estén dando coces contra el aguijón! Porque los únicos sacrificados han sido los hondureños que se debaten en la injusticia, la criminalidad, la pobreza y la carencia de oportunidades de una vida digna.

 

Son fuertes y cada vez más sostenidos los comentarios, advertencias y previsiones que señalan que toda la parafernalia construida alrededor de las pláticas entre políticos quedará desarmada.

 

Y si el proceso de acercamiento entre los rivales políticos continúa bajo feroz ataque como parece, seguramente el tiempo de vida que le queda al diálogo es muy corto.

 

Las excusas esgrimidas por los actores, tanto los que participan directamente, como los que hasta ahora estuvieron como espectadores, sólo nos dejan entrever que el diálogo tiene muchos enemigos y que todavía está desprovisto de apoyo y de voluntad sincera.

 

 

Los interlocutores nacionalistas, los liberales, los delegados del ex aspirante de la oposición, Salvador Nasralla, los partidos minúsculos y los organismos de la sociedad civil, tienen algunas diferencias. Y entre los miembros de LIBRE, parece que se acumulan ascuas, pues su lógica tiene diferentes destinos.

 

A todo esto hay que añadir que ya están agitadas las aguas de las aspiraciones proselitistas prematuras que históricamente ha sellado la desventura de nuestro país.

 

Es hora de que los hondureños tomemos consciencia y que demandemos una rendición de cuentas de parte de aquellos malos personajes que conspiran contra el ejercicio de la política, la gestión de la democracia y en el entendimiento para llegar a una sabia estatura de conciliación.

 

Que los malos hondureños queden desenmascarados y que se dé lugar a la unión de fuerzas que conduzcan a nuestro país por el buen sendero del progreso y de la justicia.

 

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