No se trata de quejas gratuitas ni de ganas de llamar la atención, el problema, según un estudio publicado por la revista especializada, Nature Climate Change, se debe a que “la mayoría de los edificios configuran sus temperaturas en función de una fórmula de hace décadas que sólo emplea los datos metabólicos de los hombres”.

La fórmula tienen en cuenta aspectos como “la temperatura del aire, su velocidad, la presión por vapor y la vestimenta”. Sin embargo, la fórmula en su totalidad está calculada en función del metabolismo de un hombre de 40 años y 70 kilos de peso.

Esta forma de regular la temperatura se remonta a finales de los años 60 cuando la fuerza de trabajo estaba compuesta principalmente por hombres. Hoy, más de medio siglo después, las mujeres representan, de media, un 47%.

Sin embargo, el metabolismo de hombres y mujeres tienen un comportamiento diferente -según distintos estudios el de ellos es entre un 20% y un 30% más acelerado que el de ellas- y las mujeres tienen las extremidades más frías que los hombres.

Un estudio de la University of Utah demostró que mientras que las mujeres tienen una temperatura corporal media de 36,55 grados, la de los hombres es de 36,33 grados celsius. En el caso de las manos, las de ellos tienen una temperatura media de 32,2 grados celsius, mientras que la de ellas es de 30,66 grados celsius.

Asimismo, de media, las mujeres tienen un mayor porcentaje de grasa corporal que los hombres y, aunque la grasa es buena para retener el calor coporal, no es tan eficiente como el músculo a la hora de generar calor.

El problema de que las mujeres pasen frío en el lugar de trabajo no es una simple cuestión de confort ya que afecta a la productividad de los trabajadores.

Un estudio de 2004 de la Cornell University desarrollado en una oficina demostró que al subir la temperatura media de 20 a 25 grados celsius, los errores tipográficos de sus empleados cayeron un 44% y la velocidad de tecleo en los ordenadores aumentó en un 150%.

Según el director de este estudio, el profesor Alan Hedge del departamento Laboratorio de Ergonomía de Cornell, “la temperatura es una variable que tiene un impacto en el rendimiento y la publicidad de los empleados. Los resultados del estudio indican que aumentar la temperatura hasta niveles más confortables permite ahorrar a la empresa 2 dólares por hora y empleado durante el horario laboral”.

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