Francia ya tiene su segunda estrella. “Les Bleus” no juegan bonito, menos aún de manera brillante, y probablemente a ningún aficionado galo le importe lo más mínimo.

Su gran bloque, su tremenda solidez y su talento arriba les ha valido para proclamarse campeones del mundo en Rusia 2018 de nuevo dos décadas después tras superar 4-2 en la final a una Croacia.

El de Francia ha sido el triunfo de la solidez, del bloque, de la fortaleza física. Y, por supuesto, de la calidad. Nunca ha querido la posesión, no tiene jugadores ideales para ello en su centro del campo, pero ello no quiere decir que renuncie al ataque.

Desde el inicio, fueron los croatas los que mandaron en el choque. Rakitic y Modric, el mejor centro del campo del Mundial, llevaban la manija y acorralaban a una Francia a la que, aún así, no se la veía incómoda.

“Les Bleus” esperaban  atrás, pacientes, sabedores de que sus ocasiones iban a llegar. Y en una falta dudosa sobre Griezmann originó el primer gol. El colchonero colgó el balón y su excompañero Mandzukic, con muy mala suerte, cabeceó el balón a su propia portería.

El tanto no cambió el guión del encuentro, con Croacia agresiva en busca del gol y Francia amenazando al contragolpe con Mbappé. La insistencia de los balcánicos tuvo su premio gracias a un zarpazo de Perisic, que enganchó un balón dentro del área y empató de un potente zurdazo.

El VAR, como no podía ser de otra manera en este Mundial, fue protagonista en el tramo final de la primera parte. Córner sacado por Griezmann, no llega a rematar Varane, y el balón golpea en la mano extendida de Perisic. El árbitro, el argentino Pitana, se dirigió al monitor, y señaló la pena máxima.

A Croacia no se le puede hacer ni un reproche. Salió de vestuarios con fe en el empate, con ganar de lograr su enésima remontada en este Campeonato del Mundo, es el orgullo hecho equipo.

Mbappé fue una pesadilla con sus arrancadas por la banda derecha, y en una de ellas le puso el balón a Griezmann, que cedió a Pogba y el medio del United, a la segunda, batió a Subasic con la izquierda.

Mbappé, del que asusta que solo tenga 19 años, recogió el balón en la frontal y sentenció la final.

El error de juvenil de Lloris, que trató de recortar en el área pequeña a Mandzukic, quedó en anécdota. El de la Juventus marcó el 4-2, pero fue insuficiente.

Francia es la nueva campeona del mundo, el triunfo del músculo y del talento, de la multiculturalidad. Una nueva era.

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