POR: J.R MASS

Después de casi una veintena de reuniones y cuando pensábamos que el diálogo llegaría a concretarse, las fuerzas políticas involucradas en esta aventura han regresado a un punto muerto.

El esfuerzo ha resultado fallido. Tristemente, algunas células de políticosque tienen su mente obtusa se han dedicado a colocar trampas con la idea de que no caminen los encuentros entre los actores de la crisis postelectoral.

Los guijarros están colocados en todo el camino que lleva a un potencial entendimiento sobre asuntos capitales para nuestra vida política e institucional.

Ello demuestra que no ha habido sinceridad en el planteamiento de posturas, en los compromisos empeñados y en la identificación con los grandes anhelos del país.

Quienes siempre se oponen a todo, se encuentran atascados en cuestiones de forma, más que en situaciones de fondo, a pesar de que ya se habían esbozado algunas líneas relacionadas con reformas electorales, derechos humanos, consulta popular y fortalecimiento institucional.

De pronto surgieron otra vez contradicciones insuperables alrededor del nombramiento del mediador internacional, la condición obligatoria de las resoluciones que tomen los actores y la legitimidad de los resultados de los comicios de noviembre anterior.

Muchas preguntas son formuladas sobre el curso que debería tomar el diálogo y si todavía es posible rescatar los tramos en los que se había avanzado.

La decisión está del lado dela oposición, más que de la dirección del oficialismo. Si ellos muestran su voluntad de retornar a la mesa y renovar sus compromisos, la historia de Honduras puede ser escrita sobre renglones rectos y no sobre líneas torcidas.

No debemos perder de vista que el diálogo es la única válvula de escape que tiene el país para enfrentar las materias de gobernabilidad y legitimidad, de caminar firmes hacia el desarrollo y de edificar una base de entendimiento entre los hondureños.

¡No más dilatorias ni cambios en las reglas de juego!Los hondureños reclamamos un espacio de lucha por la justicia, la equidad, la transparencia y el progreso, y no un remedo de pláticas a gritos entre “politiqueros” sordos.

¡Que el diálogo nacional no muera!La razón siempre debe estar por encima de la barbarie! ¡Que Honduras sea conducida por el camino del entendimiento y nunca por las rutas del caos, el odio y la destrucción.

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