POR: J.R MASS 

Los hondureños vivimos en un mosaico. Los temas prioritarios de nuestra realidad los tratamos conforme van surgiendo los conflictos y éstos hacen crisis.

Estos días los políticos han estado encerrados en todo tipo de componendas en torno al proceso de elección del fiscal general y su adjunto y que nos da la pauta de cómo en nuestro país saltamos de un terreno minado a otro igualmente fangoso.

No hace mucho, la bulla provenía de los líderes y dirigentes partidarios, así como de otros actores de la crisis post-electoral. El diálogo facilitado para cerrar las fisuras que dejó el proceso comicial de noviembre del año pasado avanza por tramos, a pasos más falsos que seguros.

Igualmente hemos estado embotellados en asuntos muy variados.  Incluimos en esta lista las exigencias de ajuste tarifario de los transportistas, que no terminan de ser consensuadas, y las demandas desesperadas de los abonados de la ENEE frente a los abusivos aumentos periódicos en el costo del servicio.

Otras historias dramáticas sacuden los cimientos de nuestro país e incluso provocan la movilización dividida y fragmentada, del sector empresarial y de segmentos de la sociedad civil.

El problema es que no arribamos a soluciones orquestadas. Para el caso, la tragedia de los emigrantes sólo es retomada cuando su detención de los compatriotas es masiva, cuando está de por medio la vida de niños separados de sus padres o se producen crímenes en serie de indocumentados a manos de carteles criminales.

Otro ejemplo: Yendo al campo de la salud, las epidemias con saldo trágico siempre son enfrentadas con medidas de emergencia, justo en el momento en que la situación se desborda.

Esto nos lleva a otra página de la accidentada realidad nuestra: Los estragos que generan los violentos temporales o la prolongada sequía que son los extremos de la vulnerabilidad de Honduras.

Son los cabos sueltos de la realidad de Honduras. Pasamos de conflictos a crisis; de situaciones complicadas a insuperables. Nos hemos negado a aprender las lecciones que todas estas circunstancias nos dejan.

Al final, estos hechos se convierten en crisis y en escándalos que luego son alimentados y resueltos con parches, no fundamentados en respuestas definitivas, simplemente porque no existe el respaldo de políticas orquestadas de país.

 

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