El mundo conmemoró ayer, 12 de junio, el Día Contra el Trabajo Infantil, instituido en el año 2002 por la Organización Internacional del Trabajo con el objetivo de crear conciencia sobre la magnitud del problema serio y grave que supone la explotación laboral infantil.

Con más de 400 mil menores de edad haciendo trabajos duros en la construcción, el campo, el comercio informal, en la prestación de servicios, Honduras no ha podido soslayar –en la fecha en la que se conmemora el Día contra el Trabajo Infantil- un asunto que no solamente a partir de las cifras, ha pasado a convertirse en un grave problema.

Y decimos que se trata de un grave problema, a partir de las cifras mismas, aunque como sociedad tradicional no terminemos de ver todavía las labores en las que están inmiscuidos los menores como una forma de explotación laboral.

Y miren que estamos, como no, frente a una inaceptable práctica que ha ido en aumento, que se ha vuelto más abierta y pública.

De hecho, Honduras se disputa con Nicaragua y Guatemala los primeros lugares a nivel latinoamericano sobre la incidencia del trabajo infantil. Informes del Instituto Nacional de Estadística exponían que entre 2010 y 2015, la cifra de menores entre las edades de cinco y 17 años, se elevó a un ritmo de cuarenta mil cada año.

Y las consecuencias sociales son otro asunto. En la medida que las cifras aumentan, hay más deserción escolar, más participación de niños en hechos delictivos, se mantienen o aumentan los índices de prostitución, de drogadicción y de violencia intrafamiliar.

Como suscriptor garante de los convenios contra el trabajo infantil, el estado de Honduras está en la obligación de revisar la efectividad y vigencia del entramado legal que protege a la niñez de toda forma de explotación laboral. ¿Son efectivas o no las normas que penalizan el abuso de los menores empleados?

¿Cuál ha sido el papel de las instituciones responsables de hacer cumplir las leyes y garantías sociales, y los vacíos que facilitan la inaplicabilidad de esas leyes?

La fecha en la que se ha conmemorado el Día Mundial contra el Trabajo Infantil bien nos pudiese servir, como sociedad y como estado, para revisar las acciones emprendidas para combatir el problema, y para apuntalar los controles que eviten que la situación se diga deteriorando.

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