Si el pliego tarifario presentado por los transportistas es aprobado, los usuarios recibirían un golpe fuerte y, para un segmento de la población -el más postergado- sería un trancazo.

Muy difícilmente podrán absorber los pasajeros un ajuste entre el 36 y el 40 por ciento en promedio que sería puesto en vigencia en el valor del servicio de transporte en los rubros de taxi, unidades de la línea ejecutiva y las rutas interurbanas.

El impacto más fuerte será para los buses amarillos, pues la nivelación que los empresarios del sector pretenden alcanzar es de casi 200 por ciento.

Con respecto al “transporte”,estudios focalizados concluyen que la tendencia al alza de los carburantes tiene una influencia particular en el precio del diesel en un 84 por ciento, al igual que en los demás rubros de mayor dinamismo.

Seguidamente, el precio de la gasolina superior reporta un impacto del 73 por ciento en el precio final del servicio de transporte. También tienen una contribución elcosto del gas LPG y de la gasolina regular.

Se trata de una situación difícil para los grupos que reciben menores ingresos, no acceden a los servicios de eficiencia requerida y, al mismo tiempo, son los más expuestos a las presiones de un mercado en apuros por la volatilidad de los combustibles, la depreciación de la moneda y la inflación.

Una condición que dificulta aún más la economía popular es que los salarios son estáticos. Con los mismos ingresos, la mayoría de la población hondureña tiene que hacerle frente a más responsabilidades tributarias y a una espiral incontenible en el costo de la vida.

En 325 por ciento se ha incrementado el salario mínimo de Honduras en el período entre 2005 y 2018. Y el valor de los combustibles, particularmente el aplicado al galón de la gasolina superior, se ha elevado en el mismo lapso en 60 por ciento.

En los años 2005 y 2006, el salario mínimo subió de 2,000 a 2,241 lempiras mensuales. Entre 2007 y 2008, la remuneración mínima en el país pasó de 3,000 a 3,400 lempiras.

El siguiente bienio, 2009-2010, los trabajadores se vieron favorecidos por un ajuste en su salario, el cual fue fijado en 5,500 lempiras. Pero el costo de vida reflejó, igualmente, una variación importante

Para los años 2011, 2012 y 2013, el salario mínimo se mantuvo entre 6,000 y 6,700 lempiras. Entre 2014 y 2016 la remuneración fue llevada de 7,000 a 7,800 lempiras.

Y en los últimos dos años, el salario mínimo pasó de 8,100 a 8,500 lempiras mensuales, de acuerdo con los registros analizados por expertos en economía y en finanzas.

Los dirigentes de organismos populares aseguran que esos fondos apenas alcanzan para cubrir entre el 40 y el 60 por ciento de la cesta de alimentos y financiar los servicios esenciales.

El margen será menor con el aumento en la tarifa del transporte que se considera virtual, quizás no en los porcentajes exigidos por los inversionistas del sector, pero Sí en un valor que impactará el bolsillo de los que más sufren el látigo inflacionario. Más gastos y menos ingresos.

 

 

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