La ola de criminalidad ha ido en aumento.

Uno de los casos más recientes es el de tres hombres que fueron ultimados y luego quemados sus cuerpos en su residencia en el sector de Amarateca, Francisco Morazán.

Un día antes, un grupo de convictos que recién habían recuperado su libertad de la cárcel de máxima seguridad de Ilama, Santa Bárbara, cayeron acribillados por sicarios.

También generó horror e impotencia, el asesinato en Olancho de una mujer que, a sangre fría, fue acribillada por desconocidos mientras amamantaba a su bebé.

Es semejante el calificativo que puede ser utilizado para el escenario repugnante donde una fémina cayó abatida en El Progreso, Yoro, junto con su niño de sólo tres años.

En la bitácora de sangre se cuentan los expedientes de otra dama, cuyo cuerpo fue encontrado dentro de un congelador, un crimen atribuido a la pareja de la víctima, supuesto miembro de maras y pandillas.

Las mujeres están cayendo en un baño de sangre que espanta. Van en ascenso, igualmente, las escenas dantescas de cuerpos envueltos en sábanas, en costales y hasta los que aparecen colgados de puentes.

Los estudios de expertos muestran que el 80 por ciento de los homicidios no son llevados a una oportuna investigación criminal, el talón de Aquiles de la seguridad pública.

Estos datos con contradichos por organismos de la sociedad civil que afirman que el balance negativo de la investigación criminal en el país no es de 80 por ciento, sino de 95 ó 96 por ciento.

Es preocupante que así ocurra. La plataforma de investigación no es eficiente en las tareas de recabar las pruebas científicas, estudiar oportunamente el escenario del crimen. No dan frutos los trabajos orientados a desenmascarar a los culpables.

Es cierto que el fenómeno de la criminalidad no debe ser analizado únicamente en cuanto al número de víctimas, sino en lo que respecta a la saña con que son cometidos los hechos.

Tenemos que volver sobre el punto más flaco de los programas de seguridad: La investigación, un proceso que no termina de cuajar, por lo que necesitamos redoblar esfuerzos para llevar a cabo un trabajo diferenciado y de alta eficiencia técnico-científica.

Existe un claro problema de justicia cuando los eventos criminales no son investigados o este proceso es incompleto, cuando los hechores no son identificados y todo queda en la impunidad. Las fallas en la investigación criminal, han sido el principal obstáculo para revertir la impunidad. Y esta debilidad es la que hay que superar.

 

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