La resolución del Poder Judicial en torno a la constitucionalidad del convenio de creación de la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad (MACCIH), envía un mensaje positivo.

 

Con el respaldo del voto unánime de los magistrados a quienes se encomendó el caso, el fallo fue emitido en el momento oportuno, cuando habían recrudecido las presiones de grupos interesados en debilitar la batalla contra la corrupción y aumentado las especulaciones sobre presuntas maniobras para hacer desaparecer la MACCIH.

 

Es pertinente que pongamos de relieve el respaldo en bloque comprometido por instituciones de la sociedad civil, la misma Organización de Estados Americanos (OEA), y el Gobierno de Los Estados Unidos, a través de su representación en Tegucigalpa.

 

Y ello es esencial, porque demuestra que la cruzada contra las prácticas de deshonestidad no debe tener marcha atrás. Es el anhelo de los sectores más representativos de este país que nos hartamos de vivir entre la fetidez de la corrupción.

 

Queda pendiente que sea resuelto el tema de la coordinación de acciones de la MACCIH, de manera que estén bien definidos los parámetros de sus atribuciones y funciones.

 

Es aquí cuando precisamos estar más atentos quienes abogamos para que sean extirpadas de nuestro cuerpo social la impunidad y la corrupción.

 

Hay que defender “a capa y espada” el modelo de investigación y persecución penal conformado por la MACCIH, el Ministerio Público y la Unidad Fiscal Especial contra Impunidad y la Corrupción (UFECIC).

 

Está en la balanza la defensa de los intereses de la población frente a las argucias de los sectores que promulgan porque prevalezca la impunidad. Y sabemos que estas asociaciones no quieren ceder terreno.

 

 

 

Son las mismas células que fueron integrados y se consolidaron tras el escudo de impunidad que construyeron a su alrededor, con ayuda de sus secuaces, ligados con el poder político y económico e incluso con redes criminales.

 

La MACCIH y el brazo de apoyo del Ministerio Público, la UFECIC, siempre estarán bajo ataque. No debemos esperar que los corruptos y los corruptores se replieguen y desistan de sus golpes a la campaña por la transparencia, la fiscalización y la rendición de cuentas.

 

Propugnamos por el fortalecimiento del esquema pensado para desbaratar a los deshonestos y amorales, con la convicción de que los sectores que batallamos por el adecentamiento general de Honduras, necesitamos cerrar filas para evitar que el país se siga hundiendo en la pestilencia de la corrupción.

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