Los pronósticos nos dicen que debemos prepararnos para enfrentar los golpes fuertes de la naturaleza.

La temporada de lluvias será intensa y sus consecuencias impredecibles. Las emergencias atendidas durante los días precedentes son indicios de que la época de precipitaciones nos puede traer serias adversidades.

Las torrenciales lluvias registradas principalmente en las regiones oriental, sur y central, han causado diversas dificultades: Inundaciones, deslizamientos, caída de árboles, daños de consideración a estructuras y el corte de numerosos tramos viales.

Varias familias han tenido que ser evacuadas y movilizadas hacia albergues instalados por las instituciones de contingencias y cuerpos de socorro.

Son muchos los problemas que han salido a flote, aún y cuando no hemos entrado de lleno en la temporada de las precipitaciones que este año será muy activa, tal y como lo indican los estudios meteorológicos.

Sabemos que las emergencias vinculadas con los caprichos de la naturaleza se han vuelto cíclicas. Cada año la inestabilidad en las condiciones del tiempo nos causa mayores eventos y nos hacemás vulnerables.

Después de las experiencias aciagas de los huracanes Fifí en 1974 y Mitch en 1998, los hondureños hemos sufrido los impactos de las tormentas tropicales, las vaguadas y de otros eventos condicionados por el violento cambio climático.

Es cierto que hemos evolucionado en la gestión de riesgos, esquema de operación de los cuerpos de contingencia y desarrollo de las tareas por parte de las instituciones de auxilio.

Queda mucho trabajo pendiente en el propósito de evolucionar hacia una plataforma de alerta temprana. Los gobiernos locales no han logrado que maduren lo suficiente los planes de respuesta y coordinación de acciones ante los desastres naturales.

Y en lo que importa a las comunidades en general, hay que decir que es muy débil el sentido de prevención y de actuación consciente frente a las acometidas de la naturaleza.

La degradación de los recursos forestales ha seguido su curva, la erosión de los suelos llega a su punto extremo y lo mismo sucede con el grado de contaminación de las aguas. Todo esto indica que el mismo hombre está en una carrera suicida de destrucción de nuestro entorno.

La naturaleza es de comportamiento errático. Para nosotros, es cuestión de vida o muerte. Debemos observar las normas de prevención, adoptar los instrumentos a través de los cuales es posible monitorear una amenaza y proceder de conformidad con tales circunstancias.

 

De lo contrario, las manifestaciones de la naturaleza serán más violentas con repercusiones especialmente severas y de alto precio para nuestra existencia.

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here