Hoy es Día del Periodista. El papel de los comunicadores sociales es fundamental en el desarrollo de la sociedad, puesto que somos nosotros -quienes ejercemos esta noble profesión y abnegado oficio- los llamados a informar y, preferentemente, a orientar.

En tiempos en que nos vemos desafiados a darle cobertura, a interpretar y analizar los hechos que marcan nuestro complejo entorno, los periodistas debemos colocarnos a tono con las exigencias propias del profesionalismo, el desarrollo de competencias y la edificación de un alto perfil ético.

Es propicia esta ocasión para reflexionar, igualmente, acerca de la trascendencia de la libertad de prensa y de la permanente necesidad de defenderla como uno de nuestros más preciados valores.

Ante todo, los periodistas debemos ser celosos guardianes de la prensa libre que es una garantía que le pertenece a los lectores, oyentes o televidentes; al pueblo, en general.

Es la piedra fundamental de toda libertad. Sin ella No puede haber democracia efectiva. El buen periodista tiene el deber y la responsabilidad de custodiar la libertad de todos los ciudadanos y de servir de fortaleza frente a los embates contra dicho principio.

En un sistema democrático como el que tenemos, el código del periodista debe fundamentarse en el suministro al pueblo de todos los hechos que le permitan a éste adoptar sus propias decisiones y proceder en su propio beneficio.

Y junto con la defensa de la libertad de expresión, los periodistas debemos poner nuestro mayor interés en el fortalecimiento de nuestra condición profesional, pues sólo esto nos permitirá alcanzar la madurez necesaria. Cuanto más rica sea nuestra educación, mejores periodistas seremos.

Tanto en el sentido preciso como en la interpretación más amplia, diariamente requerimos poner a prueba la exactitud de los datos y la veracidad de la información, de la misma manera que cualquier otro profesional somete sus instrumentos a riguroso examen.

Una regla que no puede ser quebrantada es la difusión de los hechos; siempre en estricto apego a la verdad, sin expresar nuestras propias tendencias u opiniones, con el fin esencial de que los hechos transmitidos al público sean juzgados por sí mismos solamente.

No está de más insistir en que es fundamental que los periodistas ampliemos los conocimientos en todos los campos que sea necesario para que estemos en mejores condiciones de comprender los hechos que se presentan y los difundamos con la mayor claridad al público.

Pero, sobre todas las cosas, debemos tener presentes que nuestro trabajo es un servicio a la comunidad, al país; que nos debemos a todas las personas más que a nosotros mismos y que, el derecho de ellas a tener acceso a las informaciones y opiniones, es -y siempre tendrá que ser- el primer objetivo de la conducta de todo auténtico periodista más que la promoción personal de nuestra carrera.

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