La propuesta para estabilizar por un período el precio de los derivados de petróleo, podría ser un hecho en el breve plazo.

Sería la segunda vez que el valor de los carburantes entraría en un estado de congelamiento. La primera ocasión que la Administración Central adoptó esa disposición fue a finales del año pasado, al calor de una incontenible especulación.

Lo que se proyecta es que la nueva acción dirigida a ponerle un techo a la venta de los energéticos podría contener alzas acumuladas de hasta seis lempiras en su costo por galón.

Estudiosos de las ciencias económicas y finanzas concuerdan en que los acuerdos de congelamiento terminan siendo revestidos de populismo y le restan cierto incentivo a los mecanismos de comercialización.

Un fragmento significativo de opinión pública se inclina por la revisión de la fórmula aplicada para determinar los precios de los derivados del crudo, sobre todo el componente de los impuestos.

Honduras es el país de la región donde son más altos los tributos que corren para los carburantes y que se denominan Aporte para la Conservación del Patrimonio Vial. Para este año se han proyectado ingresos por 13,000 millones de lempiras por eseconcepto.

El Gobierno se queda actualmente con el 43 por ciento del valor de cada galón de gasolina superior, con el 41 por ciento del costo de la regular y el 34 por ciento del precio del diesel.

Los cargos aplicados corresponden a un dólar con 40 centavos para el galón de la gasolina superior, un dólar con 24 centavos para la regular y 86 centavos de dólar para el diesel.

La gasolina es el hidrocarburo que refleja mayor crecimiento en su demanda, en una proporción de alrededor del diez por ciento en los últimos años. El consumo promedio anual de este derivado es de medio millón de barriles.

Y el diesel es el producto de más alto consumo. Los registros del Banco Central dan cuenta que la comercialización anual de dicho refinado roza los siete millones de barriles.

En 2017 la importación de combustibles representó un gasto de 436 millones de dólares. Ascendió a 5.8 millones de barriles, distribuidos en más de 483 mil cada mes.

En el período 2015-2016, la importación de energéticos pasó de 4.8 a 5.3 millones de barriles, lo que significa un incremento ponderado de 10 por ciento.

La tendencia se mantiene por razones claves como es el caso de la expansión desordenada del parque, tanto de vehículos nuevos como de automotores usados.

Un aspecto que causa inquietud es el impacto que tienen las alzas en el precio de los carburantes sobre la inflación. Y es que cuando la vida se encarece, las condiciones de las mayorías se deterioran más.

Un reporte del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales concluye que para el rubro de “Alimentos y bebidas No alcohólicas” el impacto del aumento está asociado a un 75 por ciento en el precio de los productos alimenticios, aunado a otros factores en la comercialización de los mismos, acentuándose más en diesel, seguidamente por el gas LPG, gasolina súper y finalmente la regular.

La presión de los combustibles sobre la inflación está condicionada por el precio del diesel, ya que este derivado tiene un impacto de 84 por ciento en el alza del Índice General de Precios del Consumidor, seguido por el gas LPG, gasolina superior y regular.

El mercado externo del crudo ha entrado en su tiempo más volátil. El precio internacional del barril de petróleo cerró la semana en 70 dólares, un nivel que no había alcanzado desde 2014. El valor West Texas, que es el referente para Honduras, ha aumentado en 17 por ciento, impulsado por tensiones geopolíticas.

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